Opinión

¿Convertirse en formal? Sí, cómo no


 
 
Esta semana el gobierno federal lanzó un programa para combatir la informalidad, que tiene dos problemas.
 
 
El primero es que fue sólo una declaración de buenas intenciones porque no se estableció ningún mecanismo específico para formalizar a 200,000 trabajadores, cantidad que se fijó como meta.
 
 
El segundo es que aunque 200,000 personas no son pocas, representan apenas el 0.7% del monto total de los informales, de acuerdo con los cálculos del INEGI.
 
 
Hay consenso en que uno de los principales problemas que existe en el país es el tamaño de la informalidad. Para reducirlo, se requieren castigos y premios. Mientras el trabajador informal no tenga costos económicos o legales por ejercer su actividad fuera de los marcos legales, lo más probable es que lo siga haciendo así.
 
 
O bien, si no hay ventajas claras y contundentes de estar en la formalidad, no habrá razón para elegirla.
 
 
En el primer caso, le pongo el ejemplo de la modificación legal que permitió perseguir la piratería de oficio y que incluso dio responsabilidad al adquiriente de productos pirata. Esta ocurrió desde ¡junio de 2010! y usted puede ver en la vía pública de ciudades como México la proliferación de todo tipo de comercios callejeros dedicados a la venta de esto productos.
 
 
El argumento es que no hay suficiente personal para combatir esta actividad.
 
 
Es lo mismo que he escuchado de autoridades locales que rechazan formalizar y registrar al comercio informal en vía pública simplemente porque no es rentable fiscalmente. Es decir, calculan que la recaudación que se obtendría sería menor al costo de operar la formalización.
 
En lo que respecta a los estímulos para ser formales, quizás el más importante de todos ellos tendría que ver con la obtención de recursos, como subsidios y financiamientos a costos accesibles.
 
No hay programas gubernamentales que tengan la dimensión y la profundidad requeridas para que haya un desplazamiento claro a la formalidad.
 
 
Los complejos datos
 
Hay otro tema que también debe abordarse, ¿cuál es el número real de informales que hay en México?
 
 
La nueva estadística derivada de la Encuesta Nacional de la Ocupación y Empleo del INEGI, cuenta tanto a los que tradicionalmente se contaban como informales y que formaban parte de los ocupados en el subsector de los hogares, como a todos quienes laboran sin las prestaciones correspondientes y a otros grupos. Todos ellos representan el 58.2% de la población ocupada.
 
Sin embargo, si asumimos que los informales son los que están fuera de todo registro fiscal, entonces quizás la cifra sea inferior.
 
 
De acuerdo con el SAT, el número de contribuyentes activos registrados es de 37.4 millones de personas físicas y 1.5 millones de personas morales.
 
Si consideramos que la población económicamente activa ocupada es de 47.8 millones, en realidad tendríamos un monto de 10.4 millones de personas físicas que están activas y que no tienen registro fiscal.
 
Veamos otro dato. En números redondos, hay 20 millones de trabajadores asalariados registrados en instituciones como el IMSS, ISSSTE u otros institutos, y el número de trabajadores asalariados según el INEGI es de 29.9 millones. Así que hay alrededor de 10 millones de asalariados que no están afiliados a ninguna institución de seguridad social.
 
Hay actividades en las que la frontera entre la informalidad y la formalidad es muy delgada, y hay una gran porosidad entre ellas.
 
Pero no se sustenta en las cifras el que haya 28 millones de personas activas fuera de todo registro. Por lo menos el SAT dice que no. Sin embargo, sean 10 ó 28 millones los informales del país, siguen siendo muchos y no hay hasta ahora ninguna razón para que vayan a ser menos en los siguientes meses o años.
 
 
 
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