Opinión

Convertir las percepciones en realidades

15 febrero 2013 7:31

 
 
Hoy se cumplen 77 días de la administración de Enrique Peña Nieto.
 
Y este cabalístico número da ocasión de reflexionar acerca de algunas cosas que han cambiado y de otras que deben cambiar.
 
Hasta ahora no he encontrado a un solo empresario importante que no señale que hoy las perspectivas económicas del país son mejores que hace -por ejemplo- 90 días, en la recta final de la administración de Felipe Calderón.
 
Una manifestación del cambio de percepciones se puede ver en una de las preguntas que se hacen en la Encuesta del Banco de México entre especialistas del sector privado, que muchas veces moldean la opinión de los empresarios.
 
En agosto del año pasado, ya conocidos los resultados de las elecciones, sólo 24% de los entrevistados señalaba que ése era un buen momento para realizar inversiones. Privaba la incertidumbre.
 
En la Encuesta de enero de este año, apenas 5 meses después, ese porcentaje creció ya a 50%.
 
De esa dimensión ha sido el cambio de percepción.
 
Sin embargo, hasta ahora, buena parte de los cambios ha ocurrido en ese terreno: el de la imagen, las expectativas, las percepciones.
 
Pero, como le he comentado en otras ocasiones, estábamos tan requeridos de buenas nuevas que a veces no observábamos la diferencia entre percepción y realidad.
 
Van algunos trazos de esta última, para poder hacer tierra y no flotar.
 
La producción industrial de diciembre bajó en 2.08% respecto a noviembre, y ya está marcando claramente indicios de una desaceleración.
 
El que tengamos una industria tan competitiva como la del automóvil a veces nos hace creer que todas son así.
 
Pese a que se han eliminado las incertidumbres inmediatas en Estados Unidos, persisten casi todas las importantes y no sería nada raro que pudiéramos tener unas buenas sacudidas financieras, aun en el primer semestre del año.
 
El entorno externo probablemente vaya a estar mucho más complicado de lo que hoy a primera vista parece.
 
Y, ese hecho, querámoslo o no, nos va a crear dificultades.
 
Va otro elemento para hacer tierra.
 
En el segundo semestre del año va a haber una propuesta de reforma fiscal y lo que hasta ahora han sido más o menos buenas relaciones entre el sector privado y la autoridad, se van a tensar de modo muy importante.
 
La razón es simple, cualquiera que sea la fórmula específica de la reforma fiscal, va a implicar cobrarle más a las empresas y quizás a los propios empresarios.
 
Y hasta ahora no ha existido ningún gobierno que adquiera popularidad por cobrar más impuestos.
 
Las lunas de miel nunca duran eternamente.
 
En este espacio hemos ponderado el logro que significa el cambio de percepciones que generó el optimismo que reflejan estudios como el de la Encuesta del Banco de México.
 
En la economía, para que algo suceda en la realidad, frecuentemente debe suceder primero en la mente de las personas.
 
Por eso es que generar optimismo es un buen comienzo.
 
Sin embargo, hay que pasar a las realidades. Y allí es donde las cosas a veces son más complicadas.
 
La tarea inmediata será tratar de mantener la capacidad de operación política para terminar este periodo de sesiones que concluye en abril, con algunas reformas importantes en curso; por ejemplo, la de telecomunicaciones, y tener perfilada la reforma energética.
 
Si se logra lo anterior y se mantiene en lo esencial el frente de los 4 partidos firmantes del Pacto, se habrá conseguido un avance muy importante para ir convirtiendo las percepciones en realidades.
 
Pero, si se rompiera el Pacto y se viera contra corriente la posibilidad de sacar adelante las reformas, entonces tal vez el desencanto podría regresar muy rápido y el optimismo irse tan rápido como llegó.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx