Opinión

Convención hacendaria en 2019

 
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Pago del impuesto predial en el DF. (Cuartoscuro/Archivo)

Estupendo pedir a los gobiernos locales –estados y municipios– que incrementen su recaudación tributaria, dada la extrema dependencia de las transferencias de recursos federales; incluso hoy las condicionadas ya rebasan los recursos de libre disposición.

Esto último es un decir porque los congresos locales tienen que aprobar el Presupuesto de Egresos de los estados, que ya están siendo auditados por la ASF.

Sin embargo, estamos ante un desafío país, dado que tenemos la carga tributaria más baja de los miembros de la OCDE y de América Latina, especialmente respecto a la brasileña, además de un sistema cenralista.

Los niveles de recaudación estatal son asimétricos, un número importante de gobernadores prefieren pedir o gestionar recursos que cobrarlos. Alguna vez un exgobernador de Chihuahua, que hoy es mi gran amigo y que jugó un papel fundamental para el éxito de la primera Convención Nacional Hacendaria, me dijo que el personaje más odiado de los gobiernos era el recaudador de impuestos.

Por cierto, su estado era buen recaudador, ya que la carga del sistema estatal de educación básica de Chihuahua era y es muy elevada, llegó a equivaler 70 por ciento de sus participaciones. Sin embargo, el exgobernador Duarte desperdició la recaudación de tenencia, igual que el anterior de Durango y muchos más.

Hay varios ejemplos de estados que hacen bien su trabajo, como Nuevo León, Campeche o Sinaloa, siendo el recaudador voraz el tesorero de la CDMX, a quien vienen a ver muchos técnicos de otras entidades federativas, el que mejor cobra. Éstos son los que quieren que les regresen potestades importantes, subrayo, regresen.

La recaudación estatal apenas rebasa 3.0 por ciento, frente a 95 por ciento federal, lo que refleja dos cosas: vivimos en un centralismo tributario extremo, mayor al que existe en países unitarios o centralizados, por lo que las facultades de los estados son limitadas, ya que las principales las administra el gobierno federal.

Es un reto nacional adicional porque la relación PIB/ingresos tributarios es demasiado baja en comparación con los países de la OCDE e incluso frente a Brasil, Chile o Argentina. No se diga frente a Estados Unidos y Canadá.

Un tema diferente es el del predial, un impuesto patrimonial, el principal de los ingresos municipales, en donde alrededor de cien recaudan más de la mitad del mismo, sin incluir por supuesto a la CDMX. Cierto, el 0.2 por ciento de su recaudación está muy por debajo de la de países como Chile, que recauda 0.6 por ciento.

Una cosa es cierta, el centralizar las finanzas públicas es causa de ineficiencia, y en el fondo han existido siempre razones políticas, como controlar. Cuando Zedillo en su campaña hablaba de pagar directamente las participaciones a los municipios, muchos gobernadores se pusieron nerviosos: “cómo los vamos a controlar”. Luego se le olvidó, por supuesto.

Sí, hay que mejorar la administración tributaria estatal, pero no ‘clonando’ lo que el SAT hace desde hace 20 años (y muy bien), sino adecuándose a la economía local. Las prioridades recaudatorias de cada estado son muy diferentes, tiene que ver con sus niveles de desarrollo.

En suma, es necesario replantear el agotado pacto fiscal, y crear uno nuevo a partir del consenso: buscar una mejor distribución de facultades impositivas, mejorar las administraciones tributarias locales, gastar con eficiencia, transparencia y prudencia, etcétera.

Es un asunto de economía política, por ello debemos replantear en 2019 la convocatoria para una segunda Convención Nacional Hacendaria, pero ahora con un papel más directo de diputados y senadores, federales y locales. Si se trata de reformas estructurales, 2018 no es el mejor año.

Es una buena tarea para la Conago, como lo fue en 2004, de donde surgieron reformas como la armonización contable y el fortalecimiento de la transparencia y la fiscalización.

Correo: brunodavidpau@yahoo.com.mx

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