Opinión

Contratos y contratistas

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio Gil leyó en su periódico EL FINANCIERO la exclusiva de Eje Central para EF sobre cómo arreglaban e intentaban arreglar los socios de Oceanografía sus contratos con Pemex. En una nota de Raymundo Riva Palacio y María Idalia Gómez desprendida de una larga llamada telefónica de los empresarios, Gamés se enteró de unas cosas que poco a poco, pero sin pausa, le pusieron los pelos de punta.

Primero que nada aparecen millones y millones de dólares, como si hablaran de almendras (ya quedamos que las almendras valen más que los cacahuates), luego entran a escena los barcos, uno se llama OSA Goliath, barcazas, navíos cargados de más y más, de cientos de miles de dólares; enseguida toman su lugar en el escenario unos compadres muy poderosos que designarán o, en su caso, ratificarán en sus cargos en Pemex a quienes facilitarían los contratos para pagar créditos y realizar los enjuagues (gran palabra) con los que acostumbran hacer sus negocios estos grandísimos ladrones.

No sólo ellos se roban hasta los lápices, los funcionarios de Pemex trabajaban prácticamente como los mayordomos de Amado Yáñez Osuna y Oliver Fernández. El subdirector de la coordinación de Servicios Marinos de Pemex, Exploración y Producción (PEP), Mario Ávila Lizárraga, y Carlos Morales Gil director del PEP, habían diseñado un mecanismo del cual no tenían que enterar a los comités de adquisiciones, cuentan Riva Palacio y Gómez. Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda y caviló con una melancolía infinita: ¿nadie, de verdad nadie, pudo detener las trapacerías, los robos, la exhibición inaudita de dinero en llamas?

Lenguaje

Lectora y lector, el lenguaje. La plática, o como se llame, entre Amado Yáñez y Oliver Fernández es una orgía de disparates cuyo fin es el robo a mansalva: “Se va a ver de la verga firmar eso una semana antes del cambio, wey”. “Sí, se va a ver de la verga”. “Pues los que lleguen quién sabe, cabrón”. “Ya quítate esas telarañas de la cara, cabrón”. “La neta, te voy a ser sincero. Vamos poca madre, digo, el martes me dan otros dos contratos. Son otros doscientos kilitos de dólares a la bolsa. Son un barquito más y otro que ya teníamos, una renovación de la barcaza. Vamos a toda madre”. “Entonces si cierro bien el año y saco esa cobranza pues tenemos mil millones para enero. Y tenemos algo de liquidez. ¿Qué podemos hacer?”. “¡Gastárnosla, cabrón!”. “Órale, brodercito, un abrazo”. “¡Pinche inge, lávate bien la cara!”. “Mira, inge, por el bien del negocio hay que aguantar vara ahorita”.

En ese momento de la edificante charla, a Gil se le pusieron los pelos de punta. Los ladrones hablan de dinero público en todo momento, de funcionarios públicos a los que han corrompido, de funcionarios bancarios transas, de un repartidero de dar miedo: la impunidad de la impunidad. Oigan esto: “Es casi un pinche, un hecho porque nada está escrito, que el papá de mi compadre llegue”. Al parecer, el papá del compadre tardó un poco en llegar a la escena del crimen. Los empresarios siguen esperando. Una vez que el presidente Peña Nieto nombró a Emilio Lozoya, el contrato de los 100 millones de dólares que vencía en enero para el pago del OSA Goliath era imposible, y hasta la vista baby.

Un 'broder'

Gil no sabe a qué 'brodercito' hablarle para un préstamo puente. Si no hay 'brodercitos', no somos nada; si no hay un compadre con papá, menos; con ustedes, lectora y lector, no hay pedo, hermanos, la neta. Y ya, quítense esas telarañas de la cara. Gamés les recuerda que más vale pájaro volando que nada sin nada. Si saben de un 'brodercito', avísenle a Gamés a la brevedad.

Sí, desde luego se necesita una reforma energética, pero con esos contratistas estamos de regreso a la inopia en tres patadas. ¿Entendido, 'brodercitos'?

La máxima de Francis Bacon espetó dentro del ático de las frases célebres: “El tiempo es la medida de los negocios, como el dinero lo es de las mercancías”.

Gil s’en va