Opinión

Contrarreforma

15 agosto 2013 5:41

 
 
Una vez planteadas las iniciativas de reforma energética de cada partido, de cada fuerza política e incluso de cada corriente, iniciará el periodo de debate y lucha por las ideas y los planteamientos.
 
 
Seremos testigos de esfuerzos e iniciativas por derrotar cualquier señal reformista en la industria petrolera; veremos protestas, manifestaciones, expresiones públicas y llamados a la nación envueltos en añejos y vetustos argumentos pseudo nacionalistas. La retórica de la nación y su patrimonio amenazado, florecerá a diario en discursos y pronunciamientos a favor y en contra. Los debates serios y sustentados en números y explicaciones serán tal vez insuficientes para contener la andanada de descalificaciones como las que ya ha pronunciado Andrés Manuel López Obrador y otros solícitos acólitos.
 
 
El discurso oficial seguirá pregonando con estratégica comunicación, que su reforma profundiza y concreta lo dispuesto “palabra a palabra” por el General Presidente Cárdenas.
Una vez más en este país estaremos peleando con la historia y con figuras y personajes largamente ausentes en un revisionismo por demás inútil e improductivo. No importa qué dijo Cárdenas y cómo previó la participación del sector privado porque su visión correspondía al de un país, un escenario mundial y una industria radicalmente diferentes a los que hoy enfrentamos.
 
 
Un destacado historiador mexicano, en las recientes celebraciones del Bicentenario, señalaba con precisión que en México siempre hemos estado más preocupados con voltear y revisar una y otra vez el pasado, en vez de ver hacia el futuro y trazar líneas de crecimiento y desarrollo, de abatir la pobreza, de reducir los sensibles niveles de desigualdad social. ¿Qué país queremos y cómo lo vamos a construir?
 
 
Prácticamente todos los sectores, salvo lo más radicales, coinciden en la imperiosa necesidad de renovar Pemex, su régimen fiscal, su estructura y funcionamiento internos, su subordinado perfil empresarial, sus niveles de eficiencia, gasto, etc. Pero en los caminos para lograr esos cambios es que surgen profundas divergencias. Para algunos, es preferible el 100% de nada, en vez de una buena participación de negocio en investigación, perforación y extracción equivalente al 70%, y que el restante se lo lleve quien se asoció con Pemex para realizar ese trabajo. Es decir, como sucede en cualquier parte del mundo.
 
 
La voz del gobierno afirma que la renta petrolera no se afecta, sigue siendo intacta para México y sus ciudadanos, mientras que los detractores afirman que la misma renta se enajena, se diluye, se reparte entre ambiciosas y perversas manos de empresas multinacionales.
 
 
¿A quién le cree Juan Ciudadano? ¿en quién deposita su confianza? ¿a qué partido, postura o 'razonamiento' –en caso de que lo haya- le otorga su credibilidad?

 
Muchos de los discursos y de la retórica presente, desinforma, confunde, apela a sentimientos nacionales e ideas preconcebidas de corrupción, capital privado abusivo, venta de la propiedad nacional, etc. Pocas son las voces, que con datos sólidos o argumentos articulados, pretenden sostener porqué es inviable la reforma constitucional. Esas voces, clamarán por la Contrareforma, por mantener sistemas de producción superados por tecnologías más modernas y avanzadas.
 
 
Con todo, parece haber señales claras de que el equipo gubernamental ha construido acuerdos y consensos suficientes para lograr el avance y la aprobación de su proyecto. Los “amarres” en ambas Cámaras, parecen indicar los dos tercios requeridos para alcanzar el objetivo.
 
 
Sin embargo el camino puede resultar áspero y costoso para la imagen del Presidente y su gobierno. Una derrota podría significar el derrumbe de las no pocas expectativas internacionales, además de echar por tierra un programa ambicioso de reformas cuya pieza más preciada es justamente la energética.