Opinión

Contra la cultura de que hay muertos útiles

No pasa todos los días. No es nada común. Serán sólo palabras, pero en un panorama en el que se han desgastado tanto los discursos de nuestros políticos, lo dicho el miércoles por el gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, es notable y destacable. Por lo que dijo, por donde lo dijo y porque lo dijo ante representantes de una República que no se expresa, para nada, de manera similar en el tema de los miles y miles de desaparecidos que habitan hoy a México.

Ocurrió el miércoles en el Palacio Nacional. El gobierno de Enrique Peña Nieto hizo esa mañana formal presentación del Programa Nacional de Derechos Humanos. Nada que destacar de lo dicho por el secretario Osorio, nada memorable en lo dicho por el presidente. El primero dejó pasar, increíblemente, la oportunidad de aclarar la confusión que él ha alimentado en torno al número de desaparecidos. Un diplomático invitado a la ceremonia, que estaba entre los 400 ahí reunidos, se la pasó mirando en su celular noticias sobre el Mundial. No lo culpo, si me interesara más el Mundial yo habría hecho lo mismo, pues no se perdió de gran cosa. Salvo cuando habló el gobernador Moreira.

“La mayor urgencia de mi gobierno es encontrar a los ausentes”, dijo Moreira al final de su intervención, realizada a nombre de la Conago. “En esta tarea, señor Presidente, tenemos el compromiso de su Gobierno, que se materializa en el trabajo con el Secretario de Gobernación y el Procurador General de la República. Falta mucho por hacer en este doloroso tema, pero sé que ustedes estarán con nosotros hasta que las madres, los padres, hermanos, hijos y esposas, sepan dónde están sus seres queridos. En Coahuila no tendremos reposo mientras falte uno de los nuestros. Todo lo que hemos hecho no es suficiente, sabemos que aún nos ayudarán más”.

Cuando escuché eso, ilusamente, creí que los asistentes al acto aplaudirían de manera espontánea. No fue así. De hecho, el único aplauso no programado ocurrió cuando se mencionó que actualmente hay menos denuncias en contra del Ejército Mexicano. Qué mal deben andar las cosas si los invitados -entre quienes había funcionarios, ONG’s, embajadores, activistas, etcétera- se sintieron motivados a aplaudir a los militares por el hecho de cumplir su deber con apego a la ley. En fin.

De lo dicho por Moreira hay, más allá de la promesa, y de que son varios quienes comentan que es genuino ese compromiso, la manera en que el coahuilense rompió una línea discursiva que ha resultado muy perniciosa, esa que desde el sexenio pasado dividió a las víctimas entre muertos sin valor (muertos útiles, si me apuran, siempre según el maniqueo discurso heredado del calderonismo), y muertos y desaparecidos por los que sí vale la pena llorar o hacer algo. Daños colaterales, también se les dijo a estos. Y según eso eran los menos, porque los otros, los muertos útiles, se estaban “matando entre ellos”.

“En Coahuila no tendremos reposo mientras falte uno de los nuestros”. El gobernador Moreira merece reconocimiento por hacer algo que debería ser normal en nuestra democracia: dar a las víctimas el trato debido, y buscarlas a todas. Nada de víctimas (de homicidio o de levantón) buenas y víctimas que se “merecían” lo que les pasó. Ojalá cumpla. Por lo pronto el miércoles, fue el único que dijo algo digno de recordar.