Opinión

Contra el bullying, educar en el respeto

 
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Violencia creciente entre niños. (Cuartoscuro/Archivo)

Víctor Manuel Pérez Valera.

A propósito del próximo regreso a clases y del llamado “modelo educativo”, parece oportuno hacer una breve reflexión en torno a un valor fundamental de la educación, el respeto.

México ya ganó su primera medalla de oro, el primer lugar en bullying o acoso escolar, según la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico). En efecto, el 40.24% de los niños de educación básica admitió haber sido víctima de acoso escolar. Más aún, datos de la UNAM y del IPN señalan que de los 26 millones de alumnos de nivel básico, entre el 60 y 70% han padecido acoso escolar. Existe un dato más doloroso: el 59% de los suicidios de niños de 10 a 13 años se dan a causa del acoso escolar. 1

Al acoso escolar se opone el respeto. Por consiguiente es muy importante analizar algunos aspectos de la virtud del respeto. Las virtudes se enlazan, forman una especie de constelación. El valor del respeto suele estar asociado al honor y al aprecio o temor reverencial. Honrar a alguien es reconocer sus cualidades y valores. La otra virtud, el temor, en cambio, es una virtud más compleja. El temor al que nos referimos no es sinónimo de miedo, ya que no se experimenta ante un peligro o ante algo que nos amenaza… El temor, al contrario del miedo no nos lleva a huir, sino a acercarnos, guardando cierta distancia, a la persona que estimamos. Por eso, este temor suele denominarse temor reverencial. En la educación hebrea el temor (yirath) es para el israelita, lo que la sofrosine era para los griegos, el principio de la sabiduría.

El temor, pues, no es una cualidad irrelevante, con ligereza se le suele contraponer al amor, cuando en realidad puede conducir a él. El temor es movido por el respeto y conduce a la admiración; cuando es acompañado por la reverencia, serena el espíritu y dispone al encuentro amigable con los demás. El temor reverencial crece junto con el amor y la alegría; al grado que puede decirse “temo en mi gozo y me regocijo en mi temor, y mi amor prevalece sobre todo”.

El aprecio, más que una emoción o un sentimiento es un modo de entender todo lo que nos rodea, es un modo de estar en relación, sobre todo, con el misterio de la persona humana. Sutil y sublime el temor reverencial es una virtud especialmente bella que deberíamos cultivar y enseñar a los niños; es descubrir en los demás cualidades tan sutiles como el candor, el encanto, la grandeza y la preciosidad. Una chispa de temor enciende nuestro aprecio por la dignidad, la libertad y el valor de las personas.

El respeto puede darse también en lo cotidiano y entonces se asume como forma de atención y de cuidado. La atención supone tomar a la otra persona en serio, su comportamiento, sus actitudes y sus convicciones. Desde luego se pueden manifestar opiniones contrarias, pero sin violencia, sin herir o amenazar. La atención es la garantía de que se mantienen las relaciones humanas. En cambio, cuando las relaciones humanas se deterioran, sin llegar quizá a lo que llamamos “la ley del hielo”, se deja de prestar atención a la otra persona.

La atención se manifiesta también con la cortesía, la cual no puede reducirse a buenos modales, sino es una actitud más profunda de atención a la persona, de modo especial a los ancianos, a los enfermos y a los niños.

En el fondo de la cortesía está la estima por los demás, el conducirse sin arrogancia y egoísmo en el trato privado y en la vida pública: ceder el paso, no insultar a otros o realizar acciones que causen molestia a los demás.

La cortesía es un valioso ingrediente en una ciudad en que predomina el estrés en el trabajo, en el tráfico y en la vida familiar. Se trata de pequeños detalles de delicadeza y de elegancia que embellecen y engrandecen la convivencia humana. La atención y el cuidado de los demás, el apreciar sus cualidades, sin envidia y sin resentimiento destierra el acoso laboral, escolar y familiar.

Un texto bíblico resume lo que hemos tratado de esbozar: “No hagan nada por rivalidad ni por vanagloria. Sean humildes; tengan a los demás por mejores que ustedes. Cada uno interésese no sólo en lo suyo, sino también en lo de los demás”. (Fil. 2, 3-6)

1.- Cfr. Mayén Víctor, México, primer lugar en bullying.OCDE,www.capital.com

El autor es profesor emérito de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

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