Opinión

Continuidad y pocos cambios

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Monte Alejandro Rubido

1. Si se contabiliza el número de personajes que salieron del gabinete se puede constatar que no fueron muchos: Martínez y Martínez, Murillo Karam, Chuayffet, Guerra y Rubido. Por lo demás, la salida de Chuayffet era previsible y a Rubido le ha tocado pagar los platos rotos por la fuga de El Chapo.

2. Los enroques fueron, en realidad, más relevantes y pueden tener mayores consecuencias: Meade a Sedesol, Nuño a la SEP, Ruiz Massieu a la SRE y Enrique de la Madrid a Turismo. Lo notable en estos desplazamientos es que el presidente ha abierto el número de candidatos potenciales a la presidencia de la República, con Meade y Nuño.

3. Comparados los cambios y los enroques con las ratificaciones, son más importantes éstas últimas. No sólo por el número –si se considera la totalidad del gabinete–, sino sobre todo por la calidad. Luis Videgaray y Osorio Chong seguirán al frente, y Aurelio Nuño asciende a secretario de Estado.

4. No hubo, en realidad, mayores sorpresas. Ya se daba por descontado que los dos alfiles del presidente de la República seguirían en sus puestos y que Nuño sería ascendido. Causó, en consecuencia, más intriga el enroque Meade-Ruiz Massieu.

5. En torno al nombramiento de Meade, se afirma que fue con el propósito de tener una carta adicional, que tendría la virtud, al no ser militante priista y dado su currículo, de poder concitar el voto de priistas y panistas en 2018. Es posible. Pero también es posible que responda a una lógica similar al nombramiento de Robles en 2012. Será un secretario apartidista que no debería ser señalado por politizar los programas sociales. Con doble plus: a) es una persona cercana a Videgaray; b) podría reestructurar los programas sociales para transformar su forma asistencialista.

6. Quienes afirman que con estos cambios se produce una ruptura con la primera mitad del sexenio, dejan flotando una pequeña incógnita: el presidente Peña no sólo ratificó, sino le dio un espaldarazo a lo que constituye la columna vertebral de su gobierno. No hay, en consecuencia, ningún indicio que en adelante las cosas ocurrirán de manera radicalmente distinta.

7. Es más. Este sexenio podría ser definido “teológicamente” de la siguiente manera: hay una sola presidencia verdadera y legítima, pero hay cuatro personas distintas: el presidente de la República, el secretario de Hacienda, el secretario de Gobernación y el jefe de la Oficina de la Presidencia, ahora secretario de Educación Pública.

8. Estas cuatro personas parecen indisolublemente ligadas hasta que termine el sexenio o se destape al candidato. Pero no sólo eso. Hay jerarquías y preeminencias: el presidente está en el centro; Videgaray tiene la visión de conjunto y lleva la voz cantante; Osorio es el contrapeso del secretario de Hacienda; y Nuño se sitúa en la tercera órbita.

9. Este modo de operar es inédito en la historia. Hubo, ciertamente, casos de personajes muy influyentes (Córdova Montoya, Marta Fox, etcétera), pero nunca había ocurrido algo semejante. Se trata de una convicción y de un estilo personal de gobernar: con ese equipo llegué y con ese equipo terminaré.

10. El hecho es, por una parte, que el presidente archivó su prerrogativa de remover a los principales integrantes de su gobierno por ineficiencia, por necesidad de dar un giro o, simplemente, para preservar la majestad de la investidura (es decir, utilizarlos como fusibles o pararrayos); y, por la otra, es evidente que está convencido de que en lo esencial todo marcha bien.

11. La percepción del presidente está filtrada y moldeada, sin duda, por lo que le informa y trasmite su entorno más cercano. De lo que deriva la pertinencia de la pregunta que formuló Ciro Gómez Leyva: ¿con quién discutió y diseñó los cambios de su gabinete?

12. Así que no hay vuelta de hoja. Peña Nieto enfrentará los problemas más complejos de la segunda mitad de su gobierno, que son económicos y de seguridad, con los mismos hombres al mando y con el mismo modus operandi. Salvo una variante: Beltrones al frente del PRI.

13. Y resuena así, al final, como advertencia, la célebre frase de Einstein: si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo.

Twitter: @sanchezsusarrey

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