Opinión

Consejos para
los futuros gobernadores

 
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Silvano Aureoles

El escenario económico para 2016 no es alentador, los indicadores básicos para el crecimiento económico no se ven con perspectivas favorables. En medio se dan pronósticos catastrofistas que reducen todavía más el precio del petróleo, pero aún en los niveles actuales, para 2016, implican una reducción presupuestal de por lo menos una sexta parte del presupuesto de 2015, dado que los ingresos fiscales del petróleo han representado por lo menos una tercera parte.

En 2016 habrá nueve nuevos gobernadores que ejercerán su primer presupuesto, en algunos casos como San Luis Potosí, podrán ya elaborarlo, participarán, o por lo menos serán consultados para su integración. Los ganadores el 7 de junio, después de las elecciones, deberán interesarse sobre esto. La primera sorpresa que verán es que su presupuesto de arranque será menor en términos nominales y reales al de 2015, que la recaudación federal participable bajará y por tanto las participaciones -su principal ingreso propio- también. Incluso el gasto federalizado, esto es las aportaciones federales que son gasto federal condicionado, serán menores, particularmente las referenciadas
-subrayo referenciadas- a la RFP.

Deberán de conocer el déficit que dejó el FAEB, pero no tendrán la presión del FONE, gracias a la reforma educativa.

No deberán pensar en más endeudamiento, sino hacer un ejercicio profundo de sus finanzas, incluyendo la deuda pública. Hay algunos muy endeudados como Nuevo León.

Lo anterior significa un esfuerzo de potenciación de la hacienda pública local, tanto por el lado del gasto como del ingreso. En el primer caso es más sencillo ajustarlo en los estados que en el gobierno federal. La aplicación del presupuesto base cero pueden realizarla eliminando programas que duplican los federales, los que tienen un carácter clientelar, dudosos resultados y han mostrado signos de corrupción.

Deberían todos, pero principalmente los nuevos gobernadores, compactar dependencias estatales, esto es, reducir burocracia. Existen mecanismos no espasmódicos para hacerlo. Deben evitar vicios como las facultades a los sindicatos, incluidos los de la burocracia local, para heredar plazas.

El empleo lo mantendrán si orientan más recursos a inversión pública, que además de generar empleo, apoya el desarrollo de la inversión privada y el desarrollo regional.

En el caso de los ingresos, no es tiempo de inventar nuevas contribuciones, sino de potenciar el uso de las que ya tienen: fortaleciendo la seguridad jurídica con mejores impuestos locales, eliminando exenciones no justificadas. Deberán reforzar la administración tributaria como organismo desconcentrado, claro, no como el engendro que se hizo hace años en Coahuila, con transparencia absoluta, etcétera.

Los nuevos gobernadores deberán apoyar el desarrollo del catastro y su vinculación con el Registro Público de la Propiedad.

Deberán vigilar que por lo menos sus funcionarios cumplan con todas sus obligaciones fiscales, al igual que el gobierno estatal y los municipales.

Pero quizás el trabajo más intenso tendrá que ser la selección de los nuevos funcionarios públicos, no poniendo al amigo de confianza o al del compromiso, sino ubicando a los mejores, a los que tengan experiencia y una trayectoria honorable y de resultados. Y capacitarlos, pues es común que no lo estén.

Un nuevo gobernador que quiera hacer bien las cosas deberá valorar a los funcionarios que forman la estructura básica de las dependencias estatales, no correrlos simplemente porque formaban parte de la administración anterior.

Deberán de confiar en la sociedad para la elección de sus contralores, por lo menos validados por sus congresos, cuya función debe ser prevenir, corregir, no cubrir a nadie, ni sancionar por consigna.

Twitter: @davidcparamo

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