Opinión

¿Conoces algún esnob en sus finanzas?

Según la Real Academia Española, un esnob es una persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etcétera, de aquellos a quienes considera distinguidos. Se trata de un anglicismo de la palabra snob. Irónicamente, su origen etimológico proviene de una abreviación que significa “sin nobleza”.

En un lenguaje coloquial moderno serían los “wannabe”, contracción de la frase en inglés “want to be”, aspirantes a tener un mayor nivel social y de riqueza y lo expresan adquiriendo artículos caros. En este sentido, es válida la ambición, el problema es que hay una mayor propensión al consumo y termina generando un fuerte desequilibrio en el patrimonio.

Uno de los principales errores en la administración personal es vivir fuera de una realidad financiera porque ello implica tarde o temprano un endeudamiento, ante la imposibilidad de sostener un ritmo de gasto.

Hay quienes se dan cuenta demasiado tarde porque son capaces de mantener el dispendio, pero a costa del ahorro. Ante cualquier contingencia, su economía se ve en crisis en forma inmediata o en su vejez sufren los estragos de conservar la apariencia.

De hecho, si observamos, la publicidad de los artículos de lujo cae por lo regular en explotar las aspiraciones de sus posibles compradores para provocar un consumo desmedido.

Esta apariencia hace que las erogaciones en conceptos como restaurantes, ropa, joyería, gadgets, autos, renta de vivienda e instituciones educativas en donde van los hijos se realicen con precios altos, cuando pueden ser adquiridas con otro nivel de precios acordes con los ingresos percibidos.

Es peligroso caer en una carrera de poseer lo “último”, lo más novedoso, cuando se carece del recurso suficiente. Las mismas instituciones financieras y tiendas departamentales los promueven a través de facilitar el acceso a créditos de nómina o el uso del plástico para llevarlas a cabo “con el poder de su firma”.

Hay un viejo dicho que reza: “el hábito no hace al monje, pero le da figura” y el ahorro no es una excusa para ir mal presentados o mostrar una imagen desfavorable; finalmente vivimos en una sociedad que toma este tipo de indicadores como una forma de evaluar el éxito.

Es entendible que hay gastos fuera de lo utilitarista, que van al terreno del disfrute o de un sentido de pertenencia; sin embargo, el punto central es identificarlos dentro de un presupuesto para evitar desajustar las erogaciones cotidianas.

Twitter: @finanzasparami