Opinión

Congruencia singular de Enrique Peña

Durante la boda de la hija de uno de sus más cercanos colaboradores, le pregunté al entonces candidato del PRI a la presidencia, cuál sería su principal obstáculo a vencer en caso de llegar al cargo. Adelantó el cuerpo sobre la mesa y contestó: Estar a la altura de las necesidades de nuestro país; y, a partir de ahí, me habló de su preocupación somera: la inseguridad y la hiriente desigualdad social.

–¿Tiene idea de cómo mitigar esos dos infiernos?, pregunté.

–El régimen democrático en que vivimos me permitirá operar con libertad para rendir cuentas eficaces. ¡En ello pondré mi vida!, respondió.

A pesar de las interrupciones de numerosas personas que se le acercaban, seguimos platicando. Me quedé con una certeza: lo vi decidido pero pensé en las múltiples acechanzas para que pudiera llegar a cristalizar esos propósitos.

Dos años más tarde, el lunes, martes y miércoles, al hojear algunos diarios como el Clarín de Argentina, El Mundo de España, The Guardian de Inglaterra, El Espectador de Colombia, The Dallas Mornig News de Estados Unidos, Asahi Shimbun de Japón y Le Figaro de Francia, veía en insólita unidad, el asombro de esos medios con la reforma energética mexicana. Todos, sin excepción, elogian la habilidad, el tesón y la aguda inteligencia de Enrique Peña. ¿Podemos regatearle méritos?

La numeralia dada a conocer el lunes pasado es asombrosa. No hay renglón que no se haya tocado. Por ahí desfila todo: medio ambiente, educación, estímulo a emprendedores, colocación de créditos, carreteras, fondo de pensiones, nuevos empleos, relación con la salud, becas a muy diversas franjas de beneficiarios, nuevas carreras en universidades e institutos culturales, tecnología de punta y decenas de etcéteras más.

Habían sido decenios de ofrecimientos incumplidos porque nos parecían imposibles; pagamos caro nuestras insuficiencias de análisis. Habíamos perdido la confianza en las instituciones legislativas y en los operadores. Habían sido años y años en la acumulación de errores, promesas incumplidas y una frustración colectiva sin límite.

¿Por qué íbamos a creer en un candidato más; para qué hacernos la ilusión de que las cosas podrían cambiar? Tanto se nos había dicho que no creíamos en nada que no fuera la Guadalupana.

En política no basta tener razón. No basta incluso triunfar en el simple terreno de la gestión. La confianza es una materia inasequible y volátil. Se sabe poco de ella, no soporta lo confuso ni la ambigüedad ni la incoherencia.

En menos de dos años, se han dado pasos en lo intangible, e incluso han nacido insatisfacciones: si bien la inseguridad ha disminuido, ahí nunca es suficiente y la economía no alza el vuelo.

Para muchos, las reformas son sólo ruido, no tienen aún significado. Para otros, que son los menos, se asemejan a traiciones; como si el statu quo fuera el paraíso.

Lo cierto, lo imposible de negar, es que hoy en México vivimos una gigantesca mutación donde tenemos que aprender a adaptarnos al mundo de hoy, aprender a cambiar de ideas, de oficio, objetivos y también de sociedad. Eso es ganar el porvenir.

Hagamos nuestras las reformas.

Twitter: @RaulCremoux