Opinión

Congreso: política fiscal Frankenstein


 
Lo que apuntaba como una reforma estructural del sector hacendario en materia de ingreso-gasto-bienestar, saldrá del Congreso como un Frankenstein. Detrás del tema fiscal hay asuntos delicados:
 
1.- El compromiso gubernamental era crecer 4 por ciento promedio anual sexenal. El primer año será de 1 por ciento, el 2014 de 2 por ciento por los ajustes en ingresos, lo que hará un promedio del primer tercio de 1.5 por ciento. Para recuperar en los cuatro años restantes --2015-2018-- la meta de 4 por ciento, el país tendría que crecer 5.3 por ciento al año, imposible con la actual estructura productiva y la presión inflacionaria. De todos modos, México necesita crecer 6.5 por ciento promedio anual para ofrecer empleo formal al 1.3 millones de personas que se incorpora cada año al empleo. El ritmo de 6 por ciento anual terminó en 1982; de entonces a la fecha, la tasa promedio es de alrededor de 2.2 por ciento.
 
2.- El tema del crecimiento es de política de desarrollo. Resulta extraño que sectores progresistas --entre ellos el PRD-- apoyen la estrategia neokeynesiana de deuda, déficit presupuestal y gasto de Barack Obama para reactivar la economía y se la nieguen al presidente Peña Nieto. Los que apelan a la estabilidad macro --el PAN y el PRD-- son más neoliberales que los salinistas de hace no mucho tiempo. Obama llevó el gasto a un déficit de 9 por ciento del PIB y su deuda es de 100 por ciento del PIB como instrumentos para reactivar la economía; los recortes en los ingresos y los impuestos a la producción bajarán la meta mexicana de PIB de 2014 de 3.9 por ciento a alrededor de 2 por ciento o menos.
 
3.- El PAN y el PRD se dedicaron a castigar a “los ricos” y a las empresas de refrescos azucarados y alimentos chatarra con mayores impuestos, cuando el consumo no tiene que ver con el impuesto sino con la educación alimentaria y el comparativo con otros alimentos nutritivos. Desde ahora se debe considerar que ese impuesto será descontado por el mercado, la gente lo pagará y el consumo no disminuirá. Eso sí, esos impuestos nutritivos y el alza en el impuesto sobre la renta van a deprimir el crecimiento.
 
4.- De acuerdo con las expectativas de ingresos, el ISR aportará el 23.2 por ciento de los ingresos del gobierno federal, en tanto que el IVA sólo el 14.1 por ciento. En lugar de cuidar a los que sí pagan impuestos, el Congreso castigó con alzas en el IVA a los causantes cautivos. El PRD, inclusive, propuso ingenuamente un “IETU a los ricos”, cuando su estrategia de masas protege al 30 por ciento de la economía que vive en la economía informal. La oposición pidió ampliar la base de contribuyentes pero nada decidió para incorporar a los informales a la economía formal. Los ingresos tributarios de México, de acuerdo con la CEPAL, andan en el 10 por ciento, contra el nivel de 25 por ciento de la OCDE y del 14.4 por ciento de América Latina; México es el penúltimo país en carga fiscal.
 
 
5.- De acuerdo con las últimas cifras de empleo del INEGI de septiembre de este año, la tasa de informalidad laboral en México es de 57.3 por ciento de la población económicamente activa --más de la mitad-- y la tasa de ocupación en el sector informal es de 27.3 por ciento de la población ocupada. Los informales no pagan impuestos ni el IVA.
 
La iniciativa de reforma hacendaria del presidente Peña Nieto fue la oportunidad --¿la última?-- para resolver el problema de la estabilidad, el bienestar y la pobreza: la crisis fiscal del Estado. Las estrategias desarrollistas, populistas y neoliberales cometieron el pecado original que tiene atada a la economía mexicana: lo que Carlos Tello llamó el “desarrollo estabilizador vergonzante”, aumentar el gasto sin subir los ingresos tributarios.
 
Agobiados por problemas particulares, los partidos en el Congreso --con el aval de Hacienda-- tijeretearon la iniciativa hacendaria y la redujeron ya no a una miscelánea fiscal sino a una tienda rural de impuestos.
 
 
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