Opinión

Congreso-CNTE: diálogo de monólogos


 
La crisis urbana en el DF por la presencia activa de la CNTE de Oaxaca, Guerrero y Michoacán pareció haber sorprendido a los funcionarios del nuevo gobierno priista. Sin embargo, en realidad se trata de una movilización calcada de la oaxaqueña de 2006.
 
 
El problema se localiza en dos niveles: en la superficie, las hordas magisteriales llevan la situación al extremo de la represión en el entendido de que los gobiernos temen cargar con ese pasivo; y en el fondo no quieren negociar alguna agenda sino imponer su voluntad.
 
 
En Oaxaca-2006 la Sección XXII utilizó el pretexto del intento fallido de desalojo del centro histórico, escaló el conflicto con movilizaciones, tomó el control del centro histórico y lo cerró con barricadas, prohijó la APPO, se alió con la guerrilla del EPR para tácticas de inestabilidad e insurrección y desbordó la agenda magisterial para pedir no sólo la renuncia del gobernador priísta sino la modificación de la forma de gobierno para instaurar un gobierno popular, autogestionario y en rebeldía.
 
 
Desde la impunidad sustentada en los temores del gobierno para usar la fuerza, la XXII-EPR-APPO buscó instaurar una Comuna revolucionaria. A lo largo de cinco meses, el gobierno de Fox eludió el choque, López Obrador se montó sobre la inestabilidad y los rebeldes hicieron y deshicieron en su territorio ocupado.
 
 
Pero en diciembre, pasadas las elecciones presidenciales y la toma de posesión, el gobierno federal mandó a la Policía Federal a recuperar a fuego limpio la zona, arrestó a los dirigentes y aplastó el movimiento.
 
 
La crisis de hoy puede ser explicada a partir de la de 2006, sólo con la diferencia de que en el DF gobierna el PRD vía un gobernante ciudadano y el uso de la fuerza estaría descartado, aún a costa de hacer permanente la inestabilidad de jueves y viernes pasados, con el colapso del aeropuerto internacional de la ciudad de México.
 
 
Por eso la crisis en el DF va para largo: en el fondo, la CNTE no quiere negociar, busca la derogación de las reformas, quiere frenar las reformas energética y fiscal y sólo aceptará que el gobierno federal le ceda el manejo y la definición de la política educativa; es decir, que la rectoría educativa sea de la CNTE y no de la SEP.
 
 
Como en 2006, ahora también el contexto beneficia a López Obrador. Por eso es que la CNTE ya abrió su agenda a impedir que el gobierno negocie las reformas energética y hacendaria y que las cosas sigan como hasta ahora. Así, la agenda de la CNTE es la misma de López Obrador.
 
 
La reunión hoy lunes entre el congreso y la CNTE no va a llegar a ningún lado porque los legisladores ya no pueden dar marcha atrás a las reformas y los maestros sólo aceptarán la derogación de las reformas. Así, el diálogo será sólo de monólogos. Muy en el fondo, la CNTE se va a seguir negando a usar los canales institucionales.
 
 
La CNTE sabe que su único camino es la violencia callejera, aunque juega con los espacios políticos. El exlíder de la XXII de Oaxaca, Azael Santiago Chepi, fue candidato a diputado local por el distrito XV en julio pasado y resultó aplastado por el PRI porque la XXII carece de presencia social. En el 2006, la XXII instaló la violencia callejera y luego buscó espacios legislativos: el líder de la APPO oaxaqueña Flavio Sosa Villavicencio fue detenido por la violencia en el 2006, salió por negociación con el gobierno de Calderón y fue un mediocre diputado local por el PT.
 
 
De ahí que la ciudad de México debe prepararse para lo peor: del diálogo de monólogos no saldrá nada y los maestros regresarán a las calles a seguir rompiendo con la estabilidad y a esperar que finalmente la policía los desaloje, quedarse hasta que su movimiento se pudra sin soluciones o designar a AMLO como su líder político.