Opinión

Confusiones básicas universales

   
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Salario. (Bloomberg)

Por ingreso básico pueden entenderse tres diferentes cosas: 1) salario mínimo, la contraprestación, fijada por el Estado, que debe recibir una persona por jornada laboral o unidad de ésta; 2) ingreso mínimo: el umbral que debe alcanzar una persona, por sí o a través de una política pública, para satisfacer sus necesidades vitales; 3) renta básica: el derecho de los ciudadanos y residentes legales de recibir una parte alícuota e incondicionada de la riqueza que genera una determinada comunidad política.

Véase el siguiente ejemplo. Un trabajador urbano recibe por el salario mínimo mensual (dos mil 650.80 pesos). La línea de bienestar de ese trabajador, esto es, el monto mínimo que requiere para atender sus requerimientos alimentarios y no alimentarios es de dos mil 924.94 pesos mensuales. Ese trabajador se encuentra 274.14 pesos por debajo de su ingreso mínimo. Supongamos que ese trabajador votó por el Frente y se ganó el derecho a una renta básica equivalente a la línea de bienestar. Su ingreso mensual neto será el resultado de sumar su salario más la nueva prestación económica. Ese trabajador recibirá mensualmente cinco mil 575.74 pesos. Para lograr ese bellísimo impulso a su bienestar, el Estado absorberá dos costos: el costo de oportunidad de la exención fiscal del salario mínimo y el costo de la transferencia monetaria de la renta básica. Bajo este modelo, los empresarios más prósperos del país y el resto de los 120 millones de mexicanos recibirán el mismo cheque adicional que ese modesto trabajador. Todo a cargo del Estado y pagado con impuestos y/o deuda.

Supongamos que los artífices del Frente leyeron a Milton Friedman (Wikipedia no es suficiente) y, en lugar de la renta básica, implementan su idea del impuesto negativo sobre la renta. Esto significaría que ese trabajador recibiría un subsidio por los 274.14 pesos que le faltan para alcanzar el umbral de bienestar. El Estado, por tanto, aumentaría los ingresos de una persona que lo necesita y no gastaría en aquellos que ya gozan de ingresos, riqueza y oportunidades. Por supuesto que el trabajador y los más ricos del país serían más felices en el escenario anterior, es decir, con casi tres mil pesos adicionales en su bolsa. El problema está en que el Estado tendría que cobrar más impuestos o dejar de pagar por bienes y servicios públicos. Hacerse más grande o hacerse más chiquito. Extraer una mayor proporción de la riqueza generada en la sociedad o dejar de realizar ciertas funciones.

Pero como los voceros del Frente probablemente sólo leyeron la ficha de la renta básica de Wikipedia, creen que es lo mismo subir los salarios para estimular la demanda (Angus Deaton), medidas para reducir la brecha entre los ingresos de la población y su respectiva línea de bienestar, o para corregir las fallas del mercado laboral (Friedman, Pissarides, et. al.) y el derecho de los mexicanos a recibir una cantidad determinada de dinero al mes, con independencia de si tienen ingresos o no y sin reparo de sus necesidades básicas (Van Parijs y Vanderborght). Por eso, cuando alguien les pregunta cómo pretenden pagar, contestan que la renta básica universal es un ingreso adicional que no es para todos. –Pero eso no es 'universal', –afirma uno estupefacto. –No, –responden, es para los 50 millones de pobres que tiene el país, para los que no tienen empleo o perciben salarios precarios. –¿Entonces se trata de políticas focalizadas de transferencias económicas o subsidios?, –inquiere uno con ganas de entender. –No, es un ingreso básico universal, –sentencian orgullosos por haber encontrado el hilo negro para combatir la desigualdad.

No discuto la premisa republicana, igualitaria, de la renta básica: la idea de la libertad en sentido positivo, como emancipación de cualquier condicionante material. Lo que cuestiono es el dilema que sus defensores plantean: elegir entre un modelo asistencialista de política social, que mal apoya en especie a los individuos, o un modelo en el que cada quien recibe una parte de la riqueza generada por todos y se procura a sí mismo sus necesidades en el mercado. (¿De qué le sirven a los adultos mayores los mil 132 pesos que reciben al mes, si tienen que pagar por agua, medicinas, cuidados, seguridad y sus gastos de retiro?)

Entre esos dos modelos existe otro: la provisión eficiente de bienes y servicios públicos por parte del Estado. La misma escuela, hospital, parque y transporte para el trabajador urbano y para los más ricos del país. La reivindicación de lo público como el piso de la convivencia y de la solidaridad.

* El autor es senador de la República.

Twitter: @rgilzuarth

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