Opinión

Confrontados con nosotros mismos

    
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TLCAN

1. La aprobación del TLC el 17 de noviembre de 1993 cambió un paradigma histórico y cultural. Estados Unidos dejó de ser el enemigo histórico para convertirse en el socio de un proyecto de integración, con crecimiento económico y bienestar social.

2. No sólo eso. Los cambios políticos se aceleraron para poner en sintonía al Estado con la economía. Se partió de una tesis simple: la apertura y la integración económica no podrían dar resultado si no se transitaba hacia un sistema pluripartidista con alternancia.

3. Es cierto, sin embargo, que la exigencia de transformación política tuvo su propia dinámica. La crisis electoral de 1988, la negociación de la primera reforma política pactada con la oposición (PAN) y el primer gobernador blanquiazul ocurrieron en un lapso muy breve. El cambio histórico se potenció entre el 6 de julio de 1988 y el 2 de julio de 1989.

4. El gobierno de Salinas de Gortari negoció y cedió una y otra vez. Poco importa si eran demócratas de convicción u oportunidad. Lo relevante es que las transformaciones se aceleraron y la transición hacia un sistema democrático, que en Chihuahua, en 1986, parecía imposible, se volvió realidad. Asumido el proyecto del TLC, la urgencia e inevitabilidad del cambio político modularon el resto de ese sexenio y del siguiente.

5. La conexión entre el cambio político y económico estaba en la conciencia de todos los actores políticos. Por eso, cuando la aprobación del TLC se complicó y se demoró, hasta el 17 de noviembre de 1993, el tiempo se detuvo y todos, por una razón u otra, contuvimos el aliento.

6. Veinticuatro años después estamos en las mismas pero al revés. Contenemos el aliento esperando una definición sobre el TLC, aunque todo indica que los días del acuerdo comercial están contados y nadie puede –con honestidad– subestimar el impacto que tendrá en la economía y la política.

7. Primera sacudida. No somos ni socios ni aliados estratégicos. Hemos sido insultados y humillados hasta la saciedad por Trump. La prepotencia es evidente. No espera, siquiera, una reacción que pueda acarrearle costos negativos.

8. La retórica oficial: a) todos los elementos de la negociación (economía, seguridad, migración, combate al narcotráfico) están interconectados; b) el fin del TLC repercutirá en el resto de la agenda, no es tomada en serio. Y la verdad es que no hay ninguna razón para suponer que el gobierno se atrevería a dar ese paso.

9. Pero el problema no es sólo de voluntad política. La realidad es que el Estado mexicano sufre una severa crisis de credibilidad y falta de eficacia. El cambio político, lejos de culminar en un orden democrático con instituciones capaces de impartir y procurar justicia, ha derivado en violencia, impunidad y corrupción. Y algo igualmente grave: pérdida de control sobre zonas importantes del territorio nacional.

10. Al respecto no hay que confundirse. Cuando Trump nos ataca, denigra y propone como única solución la construcción del muro en la frontera, puede ser tildado de maniaco y extremista. Y sin duda lo es. Pero cuando, dentro de su gabinete, el general John Kelly respalda el muro y advierte sobre los graves riesgos de inestabilidad de este lado de la frontera, debemos abrir los ojos y los oídos.

11. Lo que ha sucedido en el país en las últimas tres décadas no tiene precedente. Y, peor aún, no se vislumbra entre el conjunto de las fuerzas políticas ni la conciencia ni la voluntad política de enfrentar esta crisis.

12. AMLO encarna un proyecto obsoleto. No tiene diagnóstico ni propuesta para los problemas más urgentes. El PRI ha perdido toda credibilidad. Entrega el país en condiciones lamentables. Violencia, impunidad y corrupción campean por el territorio. Queda el Frente Ciudadano que, sin duda, es una maquinaria electoral efectiva, pero hasta ahora no ofrece garantías ni ejemplos de capacidad para emprender las transformaciones que se necesitan.

13. El fin del TLC nos está confrontando con nosotros mismos. Y lo que vemos, lejos de ser esperanzador, es muy preocupante. La clase política en su conjunto no ha estado a la altura de los desafíos del país. Toca a los ciudadanos, organizados o no, empujar para cambiar las cosas. Porque, como decía Mao, una larga marcha se inicia con un primer paso.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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