Opinión

Conflicto de interés

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Virgilio Andrade. (Cuartoscuro)

Se me acaba de ocurrir un cuento. Es apenas una idea, un planteamiento que, en tanto no encuentre un mejor título, se llamará Conflicto de interés.

El planteamiento es el siguiente: el presidente de un país es señalado por la prensa de haber incurrido en conflicto de interés. Acosado por la presión de eso que se llama opinión pública, el presidente decide designar a un funcionario, que obviamente responde a su línea de mando, para que investigue el caso y determine si ha habido o no tal conflicto de interés. Nombra, pues, a su colaborador y le encarga resolver el asunto.

El arranque me gusta. Pero me encuentro justo ahora en el laberinto típico del hacedor de historias de no saber qué pasa después, qué sigue, cómo acaba.

He trazado algunos escenarios. No es común que un escritor ventile sus angustias, pues lo ortodoxo es que se enfrente solo a sus tribulaciones hasta dar salida a sus ocurrencias, pero ahora haré una excepción y someteré al criterio público las diversas opciones que tengo para concluir felizmente este relato. Aquí van, pues, los eventuales caminos que he considerado:

Opción 1. Al mes de haber recibido el nombramiento, el funcionario encargado de la investigación, a quien llamaremos Uve, acude a un acuerdo con el presidente y le informa: señor, he revisado el caso minuciosamente, y aunque existen elementos para que los enemigos de todo sostengan que usted ha incurrido en conflicto de interés, no existe en nuestro marco jurídico ninguna vía para encuadrar su conducta en tales términos. Tu conclusión es que no, dice el presidente, con un tono que parece pregunta y a la vez parece orden. Así es, señor, mi conclusión es que no existe ningún conflicto de interés. Puedo explicarlo todo jurídicamente, impecable, dice otra vez el presidente con el mismo tono. Impecable, dice Uve. Contundente, agrega el presidente. Contundente, asiente Uve. Excelente; en tu documento deja constancia de que has hecho tu trabajo con absoluta libertad e independencia, ¿o no ha sido así? Así ha sido, señor presidente.

Esta opción puede encajar en la categoría de cuento realista.

Opción 2. Imaginemos que Uve es uno de esos personajes entre inconscientes y valientes que son capaces de arrojarse de cabeza al foso de los cocodrilos con tal de seguir sus convicciones. Así pues, Uve va a su acuerdo con el presidente y le dice: señor, después haber analizado el caso, encuentro que usted incurrió sin duda alguna en conflicto de intereses. El presidente puede reaccionar de dos maneras:

Camino A de la opción 2: Bien, si esa es tu conclusión, adelante; pero antes de que la des a conocer a los medios, dime, ¿cuál puede ser la sanción? De tres a seis años de inhabilitación, señor presidente. ¿Y cuándo empezaría la sanción? De inmediato, presidente, pues no hay en la ley ninguna posibilidad de que se posponga; tendría que ser de inmediato. Caray, dice el presidente, meditabundo, me hubiera gustado concluir mi mandato, tenía tanto por hacer por este país. Bueno, pues adelante, dice el mandatario para dar por concluido el acuerdo.

En este caso, el cuento puede ser considerado por algunos como humorístico.

Camino B de la opción 2: ¿Y qué piensas hacer?, pregunta el presidente a Uve. Proceder, señor presidente. Procede, le dice el presidente, no tengo inconveniente en aceptar tu renuncia. Pero, señor. A menos que seas capaz de contraargumentar tu análisis y determinar de manera clara, rotunda, que no encuentras ningún elemento que te permita concluir, ni remotamente, que existe conflicto de interés. ¿Puedes?

En este caso, el cuento podría ser costumbrista.

La verdad es que no sé qué camino seguir. Eso me pasa por querer escribir un cuento a partir de situaciones imposibles.

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