Opinión

Confirman “Must Carry”

Finalmente, en cumplimiento a la reforma constitucional en la materia, la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión determina que los concesionarios que presten servicios de televisión radiodifundida están obligados a permitir a los concesionarios de televisión restringida la retransmisión de su señal, de manera gratuita y no discriminatoria, dentro de la misma zona de cobertura geográfica, en forma íntegra, simultánea y sin modificaciones, incluyendo la publicidad y con la misma calidad de la señal que se radiodifunde. Es esta la configuración final que asume la polémica figura del “must carry”, que por largos meses fue objeto de toda clase de pronunciamientos.

De manera paralela a este inserto en la Ley de Telecomunicaciones, la Ley Federal del Derecho de Autor fue “remendada”, para incluir sendas menciones a esta figura para excepcionar la aplicación de esa normativa, que en términos generales faculta a los titulares del derecho de autor para autorizar o prohibir por la explotación de sus obras, y a los músicos, compositores, actores, cantantes y demás participantes en las ejecuciones e interpretaciones, titulares de un derecho asociado al de los autores y que les faculta a cobrar regalías por la utilización de las obras en que participan.

Digo “remiendo”, y no “enmienda”, por la innegable condición de “parche” que la pésima técnica legislativa gestó para justificar la inaplicación del dispositivo general del derecho de autor. Por alguna razón explicable, el legislador evitó incluir la excepción del “must carry” en los preceptos que en la ley contemplan, precisamente, las “limitaciones a los derechos patrimoniales” de los autores, optando por disgregarlos en un par de artículos relacionados. La razón parece simple. Las limitaciones a los derechos de autor son casos aislados, breves, discretos y tenues, mientras que el “must carry” es irreverente, letal y contundente, negando la naturaleza misma del principio que consagra que las obras son propiedad de sus autores.

Lo habíamos ya comentado. Pretender aprovechar el trabajo ajeno, de manera gratuita, para “igualar condiciones de competencia”, lo único que provoca es, precisamente, condiciones injustas. Unos producen los contenidos para que otros los aprovechen gratuitamente y los revendan. Es posible, bajo esa visión, calificar la reforma constitucional en la materia como confiscatoria y precipitada. Las limitaciones a los derechos de autor, por definición, son excepcionales y restringidas en tiempo y forma.

Respecto de los derechos de los intérpretes y ejecutantes, la reforma no los salva de la expropiación, y por tanto, el concepto de “gratuidad” parece alcanzarlos. Del mismo modo, todo indica que no se sopesó lo suficiente el que con esta reforma se violan flagrantemente tratados internacionales suscritos por México, que hasta hoy seguía definiéndose como un país de tradición legislativa autoralista. En la parte comercial los efectos también deberán ser evaluados, cuando en lugar de seguirse promoviendo en canales abiertos contenidos de alta audiencia, sean éstos trasladados a señales restringidas para evitar la retransmisión gratuita. Tiempo al tiempo para conocer los verdaderos costos de la reforma.

Correo: mjalife@jcip.mx