Paciencia finita
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Paciencia finita

02/12/2018

“Estoy leyendo 100 puntos y voy en el 27, ¿sí me esperan, verdad?”, preguntó el presidente López Obrador a la multitud reunida en la plancha del Zócalo. Una lluvia de aplausos fue la respuesta de sus seguidores, a quienes, en principio, parecía que no les importaba aguardar un poco más, pues ya llevaban más de 11 horas de espera. Pero lo cierto es que tan pronto como el mandatario hizo la precisión, a 25 minutos de haber comenzado a hablar, empezó la fuga hormiga de simpatizantes. A los 90 minutos de discurso, la mitad de la audiencia había claudicado. El entusiasmo, ese sí, duró hasta el final.

Nicolás Maduro evitó pisar San Lázaro. Sabía del repudio que provocaría y tuvo el buen gusto de ahorrárselo. Pero ya en Palacio Nacional, donde sí asistió a la comida ofrecida a jefes de Estado y de gobierno, se le vio a sus anchas. Él mismo subió a su cuenta de Twitter una foto, sonriente, con los mandatarios de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y de Bolivia, Evo Morales. La acompañó del texto: “Hermanos de la patria grande en la toma de protesta de @LopezObrador_, quien hoy escribe una página brillante en la historia de nuestros pueblos que luchan por la autodeterminación y la unidad latinoamericana”. Maduro llegó tarde, comió y se fue.

Marcelo Ebrard “mató” por unos segundos a George W. Bush, expresidente de Estados Unidos, al confundirlo con su padre, George H. W. Bush, quien falleció el viernes a los 95 años. El nuevo canciller de México tuvo el desliz en su cuenta de Twitter, en el primer día del nuevo gobierno. Después, como para no dejar huella, lo borró.

Jesús Seade, quien fue el jefe negociador del equipo de transición y representante del entonces Presidente electo en las negociaciones del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, aceptó la invitación de Andrés Manuel López Obrador para ser subsecretario para América del Norte en la Cancillería de Marcelo Ebrard. Seade decidió formar parte del servicio público, aun cuando implicó recortar su ingreso en más de 80 por ciento respecto al que obtenía como profesor y directivo en la Universidad China de Hong Kong y, la consecuencia más importante para él, mantenerse alejado de su familia, que seguirá viviendo en Shenzhen. Son los costos de la cuarta transformación.

Fuerte berrinche hizo ayer el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, en su día más esperado. No sólo quería darse el gusto de entregar la Banda Presidencial al nuevo Presidente, sino también dirigir un breve mensaje al Congreso de la Unión que había preparado, dicen sus colaboradores. Pero el rechazo vino del PAN y del PRI, que le exigieron respetar el protocolo. Y para evitar descomponer la ceremonia, declinó indignado y dijo: “No tengo ningún problema, se los envío por Internet”. No evitó –eso sí– dar un machucón a los panistas: “No pueden dar la imagen de un partido salvaje”.

Molesto, a paso veloz, Paco Ignacio Taibo II procuró a toda costa evitar a la prensa. “Se llama sin comentarios…”, respondió a un reportero. Ante la insistencia sobre si ofrecería una disculpa a las legisladoras por sus dichos vulgares (como él los calificó), tomó aire y reiteró: “¿Qué parte de ‘Sin comentarios’ no quedó claro?”

Tal como ocurrió durante los 18 años pasados en que AMLO estuvo intentando llegar a la Presidencia, la vendimia se hizo presente. Los souvenirs alusivos al nuevo Presidente se podían adquirir de camino al Zócalo. Los precios iban de 30 pesos, los muñecos más pequeños; 70 pesos las alcancías, además de gorras y sombreros a 50 pesos. Comercio informal que le llaman.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.