Opinión

Condición humana

 
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Casa Roma. (Quadratín)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio Gil pensaba en la inmanencia. Cuando amanece nublado, Gamés echa mano de sus conceptos más selectos. Sí, en aquello que es inherente a algún ser o va unido de un modo inseparable a su esencia. El presidente Peña acomete una empresa titánica: “domar a la condición humana”. Así lo dijo durante la instalación del Sistema Nacional de Transparencia: “será el órgano garante de acceso a la información para todo el país. México garantiza mayor combate a la corrupción (…) a lo mejor le voy a dar material a los caricaturistas, pero el Estado mexicano y su sociedad lo que estamos haciendo es domar, auténticamente, la condición humana, llevarla por nuevos caminos, estableciendo parámetros, límites, controles, obligando a la apertura y a la transparencia”.

Si Gil ha entendido bien, cosa muy improbable, al afirmar que hay que domar a la condición humana al combatir la corrupción, el Presidente sugiere que el ser humano es corrupto por naturaleza, que la transa es inherente al ser humano.

Filosofía

Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: aquí hay complejidades y hasta un problema filosófico: ¿El hombre y la mujer nacen raterones?

Que vengan los filósofos, los sacerdotes, los jurisconsultos, un futbolista (sí, un futbolista), un secretario de hacienda, un secretario de gobernación y que, entre todos ellos, ensayen una respuesta a semejante pregunta en el entendido de que la naturaleza es el origen de todas las cosas existentes, incluyendo los presupuestos, los contratos y las siguientes frases: “échame un capote”, “no me doy por mal servido”, “cómo nos podemos arreglar sin perjudicar al amigo”, “tienes que hablar con Mr. 20%”, “apareció en mi cuenta una cantidad abultada, ¿tu sabes algo?”, “el moche sí y sólo sí el moche”.

Lo dicho: el presidente se ha comprometido a la tarea de Sísifo, qué dice Gil Sísifo, de Aquiles, qué dice Gil Aquiles, de Teseo, qué dice Gil Teseo, de Agamenón, que dice Gil Agamenón, y así, hasta llegar a las profundidades de la mitología, todos los héroes y los dioses echándole montón a la condición humana que, se sabe, es muy rejega. En fon.

La casona de la Roma

Mientras los notables respondían a la inmanencia corrupta, Gamés leía su periódico Reforma con los ojos de plato. La Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda investiga al primer círculo de amigos y colaboradores de Marcelo Ebrard. La unidad de Hacienda intentó congelar las cuentas bancarias, pero un juez concedió un amparo a la Constructora Enalser y Mariagna Prats, exesposa de Ebrard, busca ampararse con un juez de Cuernavaca para evitar que sus cuentas se conviertan en una estalactita. Aun así, las cuentas de la empresa y la señora Prats serán investigadas.

A ver si Gamés entendió: un día, el gobierno del DF le confiscó su casa a Jorge Saldaña pues debía prediales de la era del hielo y adeudaba toda el agua de los ríos; la casa se caía a pedazos. El gobierno de Ebrard le devolvió a Saldaña la casa por un pago de un millón 600 mil pesos. Tiempo después, Saldaña vendería esa casa a la constructora Enalser en 19 millones de pesos. Ahora mal, el dueño de la constructora, Sergio Fuentes, resulta gran amigo de Ebrard y socio en otra empresa, Residencial Mexicali, de Enrique Ebrard, hermano de Marcelo. El exjefe de gobierno puso su casa en una parte de la casa por 80 mil pesos al mes. ¿Va bien Gil o se regresa?

¿Dónde quedó la bolita? Donde haya quedado, algo extraño ocurrió con la bolita. Gil imagina esta instrucción: Sí, tú la compras barata, luego la vendes cara y luego le decimos a Sergio que la remodele; que Enrique participe discretamente. Enseguida yo me mudo.

¿Estamos?

Y a todo esto, dónde está Ebrard, la última vez que lo vieron entró al museo del Louvre y, como en el cuento chino, se metió en un lienzo de Van Gogh, en una casa, y no se ha vuelto a saber de él. La obra de Van Gogh en la que se perdió Ebrard se llama La casa amarilla y no puede ser la sede del PRD porque el partido no existía cuando Van Gogh la pintó. ¿No le creen a Gamés? Allá ustedes?

La máxima de Goethe espetó dentro del ático de las frases célebres: “El espíritu humano avanza continuamente, pero siempre en espiral”.

Gil s’en va

Twitter:@GilGamesX

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