Opinión

Condenados a la libertad 

 
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Trump

Escribió Santayana que hay que conocer la Historia para evitar que se repita. Pero ¿realmente podemos evitarlo si estamos hechos, ayer y ahora, de la misma materia de los sueños y las pesadillas? ¿Hemos podido impedir que lleguen al poder los tiranos, los demagogos, los frívolos? Conocemos la Historia. Sabemos qué ocurre, por ejemplo, cuando un gobernante establece comunicación directa con el pueblo por encima de las instituciones intermedias; sabemos qué sucede cuando el poderoso en turno invade la esfera del poder judicial –denunciando jueces que “van contra el pueblo”– y se hace del control de la justicia; y, sin embargo, una y otra vez reaparecen los tiranos, los demagogos vuelven a ocupar la escena e intentan destruir las instituciones de la democracia.

En poco más de un mes asumirá el cargo de presidente del país más poderoso del mundo un hombre que evidentemente no está capacitado para el cargo. ¿Qué tan novedosa es la figura de un frívolo irresponsable en el poder? ¿Qué Historia debemos conocer para evitar que se repita? Lo primero: ¿es Donald Trump un fascista? La pregunta la planteó –no con respecto a Trump sino a Silvio Berlusconi– el gran novelista y semiólogo Umberto Eco. Podemos leerla en la recopilación de sus últimos artículos: De la estupidez a la locura (Lumen, 2016). Dice Eco: “A ninguna persona sensata, por muy crítico que sea de Berlusconi, se le ocurriría compararlo con Hitler, teniendo en cuenta que no ha desencadenado un conflicto mundial de cincuenta millones de muertos, no ha aniquilado a seis millones de judíos, no ha cerrado el Parlamento de la República de Weimar, no ha organizado divisiones de camisas pardas ni SS, etcétera”.

¿Es Trump un fascista americano? No ha cometido las barbaridades que señala Eco. Ha prometido construir un muro. México no erigió un muro en la frontera con Guatemala, pero quizá construyó uno peor: el de la impunidad. En nuestra frontera sur se puede violar, asaltar, golpear, secuestrar con absoluta impunidad. Lo hacen criminales y policías. Todo está permitido contra los migrantes. Donald Trump ha prometido deportar a tres millones de mexicanos, el mismo número por cierto que la administración Obama deportó de la Unión Americana durante su periodo. ¿Es Obama un fascista? El gabinete anunciado por Trump es de terror. ¿Lo fue menos, con Dick Cheney a la cabeza, el de Bush Jr? No hay que perder de vista que las pulsiones fascistas en Estados Unidos son anteriores a Trump. Él tocó las cuerdas que ya estaban tendidas. Volvamos a Eco y Berlusconi: “No hay duda de que algunos restos de la herencia fascista se mantienen en el carácter nacional y reaparecen de vez en cuando; por ejemplo, el racismo, la homofobia, el machismo encubierto, el anticomunismo y la preferencia por las derechas, aunque estas actitudes ya eran propias de la Italia prefascista”.

Silvio Berlusconi fue presidente de Italia en tres ocasiones: 1994-1995, 2001-2006 y 2008-2011. Muchos de sus peores rasgos son los de Trump. Un millonario deslenguado que llega al poder. Hizo de la xenofobia y el racismo su bandera. Adoptó una política proteccionista.

Alentó contra la división de poderes deslegitimando la magistratura. Nombró jueces contrarios al aborto para el Tribunal Supremo. Esas políticas, señala Eco, no son las de un fascista. Eco señala: Berlusconi fue un populista conservador: “El populismo es simplemente un método que prevé la apelación visceral a las que se consideran las opiniones o los prejuicios más arraigados en las masas”. El populista “apela a sentimientos cuyo denominador común es una actitud de indiferencia ideológica, como la xenofobia o la desconfianza, “a sentimientos profundos y salvajes”. Un régimen populista se alimenta de llamamientos “a los instintos incontrolados del electorado menos educado críticamente”.

Berlusconi, como Trump, es sin duda un genio de la publicidad. No condujo a Italia al fascismo, pero degradó la vida pública italiana y convirtió a esa nación en el hazmerreír de Europa. Y no lo hizo porque las naciones no son homogéneas. El pluralismo y el derecho a las diferencias no se pueden eliminar por la fuerza de un plumazo presidencial. Aunque dominaba la televisión, Berlusconi siempre enfrentó una prensa crítica y una sociedad que, aunque pasiva o impotente por años, por fin despertó y terminó echándolo del poder. La cruda italiana aún no termina (se acaba de hacer evidente con el No del referéndum de la semana pasada).

La Historia no se repite. La Historia no tiene un guión determinado. La Historia no llegó a su fin. La Historia la construimos todos los días. La Historia es la suma de nuestras acciones y omisiones. La Historia se cifra en la elección del Sí o No cotidianos. La Historia es el reino de la indeterminación y de la difícil libertad.

Twitter:@Fernandogr

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