Opinión

Concluyen negociaciones de OMPI para protección de Indicaciones Geográficas

 
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Sarape de Saltillo. (www.mexicodesconocido.com.mx)

Con un valor y alcance más simbólico que instrumental, la pasada semana se dio por concluida la conferencia celebrada en Ginebra para la revisión del llamado Arreglo de Lisboa para la protección de las denominaciones de origen y su registro internacional. La participación de nuestro país, como lo habíamos comentado, contemplativa y más alineada con el TLCAN que con la Unión Europea, se desvió de una tradición de respeto y protección de estas figuras.

De hecho, México no aparece en el primer grupo de firmantes del Acta que se requería para validarla y considerarla ya como parte del sistema internacional que se creó para la protección de denominaciones de origen; en dicho grupo aparecen Perú, Portugal y Francia liderando el grupo, países que desde luego coinciden con el protagonismo que se vivió en la reunión.

La gran conclusión de la asamblea, de enorme trascendencia, es la ampliación del tratado para comprender y proteger, junto a las denominaciones de origen, a las llamadas indicaciones geográficas. Éstas, a diferencia de aquellas, son materia de reserva exclusiva para el uso de los productores de la zona correspondiente, por el solo hecho de ser reputadas en la manufactura o elaboración de determinados productos, sin que deban satisfacer la condición de emplear insumos peculiares de la región. De esa manera, denominaciones geográficas como “guitarras de Paracho”, “tapetes de Temoaya” o “sarapes de Saltillo”, merecerán una protección que les estaba negada bajo las premisas de la denominación de origen.

La otra secuela que es consecuencia natural de este “relanzamiento” del Arreglo de Lisboa, es el claro mensaje que está enviando la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de no claudicar en la rectoría mundial de la regulación de las Indicaciones geográficas a organizaciones como la OMC o el TPP, que en el vacío existente habían ocupado espacios progresivamente.

Para México, estos hechos plantean la disyuntiva histórica de abrazar la nueva legislación e iniciar la protección, mañana mismo, del total de indicaciones geográficas mexicanas que de manera latente esperaban esta posibilidad para iniciar el largo camino de su consolidación cultural y su crecimiento comercial. Si nuestros temores se basan en el eventual reclamo que otros países puedan hacer para que México tutele sus indicaciones geográficas, y que nuestros productores de quesos, vinos y algunos otros sectores pierdan ventas, estaremos apostando a medidas proteccionistas que resultan ajenas y contradictorias a nuestro sistema normativo y de mercado.

Además, si nuestro país pretende seguir siendo parte de este tratado internacional, no tendrá más alternativa que ir adelante con la protección y reflejar los ajustes en su legislación interna. Aún y cuando lo óptimo es dar autonomía e instituciones propias a una ley a la medida para estas figuras, en este momento, de manera práctica, modificaciones menores a la Ley de la Propiedad Industrial podrían dotar de caminos inmediatos a esta trascendental coyuntura. Si seguimos esperando a que otros decidan por nosotros, una vez más, habremos perdido oportunidades que muchas economías que nos son pares ya están aprovechando.

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