Opinión

Concluye TPP con serias cargas en Propiedad Intelectual

 
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Tequila

La confirmación del cierre de negociaciones del Transpacific Partnership Agreement (TPP) ya no toma por sorpresa a nadie. Desde hace meses se habría filtrado la inminencia de este anuncio, que en el caso de México presentaba ya signos de urgencia, ante la necesidad imperiosa de que la administración federal pueda aportar elementos de contención de la grave crisis que enfrenta en lo político y en lo económico.

En el caso de la regulación de los derechos de propiedad intelectual, existen al menos tres factores que hoy se convierten en focos de especial atención y preocupación, por los antecedentes que los rodean. Uno es el relativo a la protección de patentes farmacéuticas, tema en el que el Tratado pretende reeditar parámetros máximos de protección que por otras vías han fracasado. Estos esfuerzos se orientan a buscar ampliar la vigencia y fortaleza de patentes a través de la figura de la extensión de vigencia, así como la posibilidad de reservarse la información clínica relacionada a las pruebas clínicas del producto líder. Ello se traduciría en retrasar sensiblemente la llegada al mercado de productos genéricos con la misma formulación, lo que se traduciría en un freno para el crecimiento de ese sensible mercado.

En el otro nivel en el que el TPP impactará seriamente el sistema, en función directa del público, es en las reglas que se proponen para Internet, dada la intención de dotar a las autoridades de facultades amplias para censurar sitios que trafiquen ilegalmente con contenidos violatorios de derechos de autor, e inclusive, de sancionar a usuarios que bajen contenidos ilegales. Es, también, una re-expresión de la discusión que en el país tuvo ya un episodio fallido con el tema del ACTA.

El tercer aspecto a valorar en el que necesariamente habrán cambios significativos a partir de la llegada del TPP es el de Indicaciones geográficas, que es un tema en el que México tiene grandes expectativas en función del enorme número de productos que aspiran a protección de este tipo, frente al interés claramente contrario de Estados Unidos. En este punto podría darse un viraje muy cuestionable de lo que ha sido la tradición de nuestro país en materia de protección de denominaciones de origen, en el que por más de 50 años hemos seguido la filosofía europea de protección a los productores de este tipo de industrias.

Como sucede en general con el análisis de tratados internacionales, el balance final podrá ser realizado cuando el texto completo sea accesible y se puedan contrastar los posibles efectos positivos que el intercambio comercial producto de la reducción arancelaria pactada tenga en nuestra economía, frente a estos efectos que, en principio, parecen negativos para nuestro sistema en la parte de Propiedad intelectual.

Lo que está claro es que es esta la apuesta sexenal para alcanzar nuevos niveles en materia de comercio exterior, que en principio parece aportar a nuestra capacidad instalada en manufactura una oportunidad significativa de incrementar volumen de exportación y nuevos destinos comerciales que en el pasado han sido de difícil acceso. Sin embargo, buena parte del éxito de la ruta está cimentada en las mismas bases que el resto de muchas de las decisiones económicas que nuestros empresarios y los inversionistas foráneos buscan: estabilidad y confianza.

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