Opinión

Conago, elefante blanco

    
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José Antonio Meade, Secretario de Haciendo y Crédito Público. (Cuartoscuro)

A propósito del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico, que representantes de los sectores obrero, agropecuario y empresarial suscribieron en respaldo a la decisión del gobierno de la República de eliminar el subsidio a los precios de los combustibles, el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, en su calidad de presidente en turno de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), escribió en su cuenta de Twitter que ese organismo no conoció el texto del convenio signado, en consecuencia no pudo haberlo suscrito.

Es cierto, no hubo representación de todos los sectores de la población en tan importante pacto que hace frente a las adversidades de nuestra economía, pero eso no quiere decir que los Ejecutivos estatales y municipales, y los poderes judicial y legislativos, quienes tampoco estuvieron presentes, deban sentirse ajenos a los compromisos firmados, porque en ese documento “Se exhorta a los otros Poderes de la Federación, a los organismos autónomos, así como a los gobiernos locales, para que adopten medidas similares”.

Lo extraño en todo caso, es que en momentos tan difíciles para el país el dirigente de la Conago no haya tomado la iniciativa desde ese organismo, el cual surgió hace casi 15 años con el fin de promover políticas públicas que respondieran a problemas de interés común de las entidades federativas. ¿Acaso el tema del llamado gasolinazo no merecía una atención especial?, y en este cuestionamiento no hacen falta respuestas, de antemano se sabe que en la figura del gobernador de Morelos pesan más los posicionamientos partidistas en lugar de velar por los intereses de la nación.

Tardíamente, algunos mandatarios como el de Nuevo León, Jaime Rodríguez, planteó en reunión con algunos de sus homólogos la reducción de gastos del gobierno federal y la eliminación de apoyos a los partidos políticos; que a nivel federal se quiten los gastos de Comunicación Social y que se quiten las delegaciones en los estados, ya que –justificó– “son innecesarias”, pero de las acciones a realizar en su entidad nada, y eso es lo que preocupa, que vean la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.

En esta contrariedad social, también hay gobiernos locales que atendieron de inmediato el llamado de primer mandatario del país, ahí están los casos de San Luis Potosí y Sinaloa, pero son casos contados, los demás dieron rienda suelta a intereses políticos.

En fin, con lo que pasa en diversas entidades del país, no nos queda la menor duda que hoy en día la Conago es un elefante blanco que sólo sangra las arcas de las finanzas públicas, porque su dirigencia ha olvidado su papel de coordinador de esfuerzos entre los mandatarios estatales en la búsqueda de mejores políticas públicas en temas como la del gasolinazo, y en esa negligente actuación sólo alcanza a decir que en este asunto está en juego la gobernabilidad del país, pero no propone nada al respecto.

No hay duda, la Conago se ha convertido en el espacio ideal para degustar buenas viandas de su actual presidente y un buen pretexto para viajar, lo cual no provoca ingobernabilidad, porque esto lo disfraza con la supuesta existencia de un foro permanente de diálogo, concertación y encuentro entre los titulares de los Ejecutivos estatales y otros actores, con el compromiso de impulsar una visión democrática y federalista desde el seno de las entidades federativas, a fin de fortalecer los espacios institucionales y privilegiar los acuerdos que incidan en el desarrollo y bienestar de todos los mexicanos. Eso dicen sus lineamientos, pero Graco hace todo lo contario.

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