Opinión

Con la naturaleza, no hay Pactos que valgan

20 septiembre 2013 5:2

 
 
No gobernamos a la naturaleza. Allí no hay Pacto que valga. Estamos en una zona sísmica, volcánica y, además, sujeta al embate de ciclones.
 
Podemos hacer un recuento de tragedias. La gigantesca del sismo de 1985; pero las más frecuentes son las que tienen que ver con el agua. Inundaciones, desgajamientos, desbordamientos, destrucción.
 
Y, como muchos estudios han demostrado, la tragedia natural en realidad es social.
 
Nadie controla la cantidad de centímetros cúbicos de lluvia que pueden caer en una noche, pero las viviendas en laderas de cerros que pueden colapsar o en márgenes de ríos que pueden salir de madre son producto de nuestra indiferencia. Usos y costumbres, dirían algunos.
 
Peor aún. La carretera de nunca acabar –la Autopista del Sol- fue producto de egos e intereses. Quienes hemos transitado por ella podemos testimoniar que, aun sin el menor conocimiento de ingeniería y por puro sentido común, estuvo mal hecha.
 
Ya ni quien se acuerde de Andrés Caso, el entonces titular de SCT –cazador de primera- que tenía que entregar cuentas para que Salinas inaugurara.
 
No hay país que resista cuando la naturaleza sale de curso. Sólo recuerde la tragedia de Nueva Orleans para entender que hasta los más ricos pueden estar sujetos a estas contingencias.
 
Sin embargo, países en donde las regulaciones para los asentamientos humanos eran letra muerta –cuando las había- son (somos) mucho más propensos a resentir los impactos de fenómenos como las tormentas.
 
En cuanto las aguas bajen, real y metafóricamente, vamos a tener que anotar pérdidas y oportunidades.
 
En la parte humana, serán sobre todo pérdidas. Las peores son las de vidas, cuyo saldo, lamentablemente, va a ir para arriba en cuanto haya posibilidad de documentar lo ocurrido en comunidades alejadas.
 
Además, las pérdidas del patrimonio de cientos de miles de personas van a ser algo muy doloroso. Se trata de esas tragedias que no tienen reparación, así llegue asistencia pública… y son mucho peores cuando se atoran con la indiferencia y la burocracia de los aparatos públicos de todos los niveles de gobierno.
 
Sin embargo, también se podrán poner números en la parte positiva del balance.
 
La infraestructura debe repararse o reconstruirse. Para una industria como la de la construcción, que en el segundo trimestre del año cayó en casi 4 por ciento, la ocupación adicional que tendrá debe servir para equilibrarse un poco al final del año.
 
Con la demanda de recursos públicos requerida para sortear la emergencia y luego apoyar la reconstrucción, uno podría esperar que cesaran –o al menos bajaran de tono- las voces que dicen que para qué se requieren recursos públicos adicionales.
 
Si no hubiera déficit este año, el recorte de 65 mil millones que habría, además de los recursos requeridos para la emergencia, dejaría descobijados a muchos programas públicos.
 
Eso no quiere decir que en el ámbito estructural no se requiera una reingeniería para hacer más eficiente el gasto público, pero pensar ahora en un recorte por no tener déficit sería pegarle a la economía como un todo.
 
Por cierto que, luego de lo ocurrido, va a ser necesario llevar a Acapulco a un brujo de Catemaco.
 
Primero, la inseguridad hundió a la actividad turística del puerto. No era atractivo vacacionar en un lugar en donde dejaban tiradas cabezas.
 
Pero, hubo la intención de resucitarlo y hasta el propio Slim le metió recursos a ese intento.
 
Y, ahora, tras la tragedia, va a ser dramática la caída del turismo.
 
Lo peor, como usualmente se dice, no será sólo lo que ya ocurrió, sino lo que va a pasar con la economía del puerto en los siguientes meses, cuando ya la atención esté puesta en otra parte. 
 
 
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