Opinión

Con EU, nos falta estrategia y sobran complejos

1
 

 

bandera

Phil Crosby, teórico de la administración, decía que el éxito de un líder depende de saber elegir a la persona correcta para el trabajo correcto. En ese sentido, Enrique Peña Nieto parece ser poco ortodoxo.
En las últimas semanas decidió que el perfil idóneo para un nuevo ministro de la Suprema Corte es el de quien nunca ha sido juez. Eduardo Medina Mora ha sido empresario, procurador, director del servicio de inteligencia, y embajador en dos países.

Sin duda, es un buen tipo y un hombre inteligente, pero tampoco se podría decir que tenía el perfil idóneo para ser embajador en Estados Unidos. En un momento en el que se buscaba cambiar el tono de la relación bilateral alejándola de narcotráfico y migración para enfocarla en la enorme relación de negocios, nombrar a un exprocurador fue poco afortunado. Tampoco quedan claros los méritos de Arely Gómez González como nueva procuradora.

Quizá en ambos casos la preferencia por estos funcionarios obedece más a compromisos que el presidente adquirió previamente. En el caso del primero por las decisiones que tomó (o no tomó) cuando era el procurador del gobierno de Calderón, y en el caso de la última por compromisos con una televisora amiga. Sin duda especulaciones, pero quizá válidas ante la falta de una lógica clara entre el perfil de los candidatos y las exigencias del puesto.

La pregunta del millón es quién será ahora embajador de México en Estados Unidos. En forma interesante, para los diplomáticos estadounidenses, la embajada en México es una posición complicada. Por su tamaño, es administrativamente compleja, pero ante tantas instancias en las cuales hay una relación directa entre secretarías de Estado y diferentes dependencias de ambos países, la relación puede ser enredada para los embajadores, salvo que tengan una relación razonablemente cercana con el presidente o con el secretario de Estado (quien maneja la política exterior estadounidense).

En el caso de México, la embajada es potencialmente mucho más importante. No sólo hay una función consular enorme a nivel nacional, con cincuenta consulados mexicanos en todo el país, sino que son amplios los temas que acaban cayendo en las manos de la embajada: comercio, protección a migrantes, seguridad, narcotráfico, relación con el congreso de Estados Unidos y muchos otros.

El problema fundamental de la relación de México con Estados Unidos es que seguimos sin tomarnos en serio y asumimos una posición apocada. Considerando que el modelo del presidente Peña es Adolfo López Mateos, quien mantuvo una relación cordial pero distante con Estados Unidos, hay una tendencia natural a buscar cierta distancia, sin reflejar la colosal importancia económica que Estados Unidos tiene para México, pero incluso la que México tiene para Estados Unidos, a partir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Me resulta inverosímil que el secretario de Relaciones Exteriores presuma cuántos viajes ha hecho a diferentes países, virtualmente irrelevantes para México, pero que sigamos sin una política clara hacia Estados Unidos, país que recibe 300 mil millones de dólares de exportaciones mexicanas (una cuarta parte del PIB).

Hay 34 millones de mexicanos en Estados Unidos, un tercio de éstos nacidos en México. Cuando menos, siete millones de empleos estadounidenses dependen de México, e importantes empresas mexicanas –Cemex, ICA, Carso, Televisa, Cemex y muchas más– tienen presencia significativa en ese país, realizan inversiones multimillonarias, y emplean a miles de trabajadores locales. Y, a pesar de eso, una y otra vez, surgen leyes y actitudes que lastiman a nuestros compatriotas, y no tenemos organización o estrategia de cabildeo alguna para siquiera meter las manos. Mientras tanto, China, Israel y otros países dejan sentir su peso.

¿Tendremos un embajador capaz de afrontar el reto? Dada la evidencia reciente, es poco probable. Y, aunque lo tuviéramos, éste tendrá que inventarse un proyecto, ante la total falta de una política exterior hacia Estados Unidos. Los rumores dicen que el elegido será Ildefonso Guajardo, quien cuando menos tiene un perfil más comercial y de negocio que su predecesor.

Ante la necesidad de cambios importantes en el gabinete, quizá después de las elecciones de junio, sería deseable que empezáramos a ver que los criterios de selección privilegien el perfil y el talento, por encima de compromisos y amistad. Por lo pronto, en la relación con Estados Unidos, una vez más nos faltará estrategia y nos sobrarán complejos. ¡Qué pena! Muchos países querrían nuestros tres mil kilómetros de frontera con la economía más poderosa del planeta.

Culpar de la caída del peso o de los precios del petróleo a la administración peñista es ignorante e irresponsable. El peso no ha caído, el dólar ha subido. Lo ha hecho contra todas las monedas del mundo, literalmente. El peso, de hecho, se ha revaluado contra euro, yen, real y muchas otras monedas relevantes.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
EPN no entiende que el Estado importa
En educación, el mundo no nos va a esperar
En educación, borrón y cuenta nueva