Opinión

Con el poder de su firma

    
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Boletas electorales

La recolección de firmas que tienen que hacer los que pretenden ser candidatos independientes a la presidencia, representa un reto enorme. Es más fácil, se piden menos firmas para hacer un partido político que para ser candidato a la presidencia. En el diseño del embudo para tener a un par o a ningún independiente en la boleta, los partidos fueron muy duros con ellos y los condenan a esfuerzos gigantes con escaso dinero y un marco de movilidad muy estricto.

Sin embargo, hay en la solicitud de firmas algo de real participación democrática. Los ciudadanos mexicanos, que no forman parte de un partido político, podrán decidir quién debe estar en la boleta como independiente. Con su firma, los ciudadanos deciden quién debe competir. Los partidos llegarán con sus candidatos y muy probablemente en la selección de los mismos no participen ni siquiera los militantes. Será una decisión cupular. En el caso de los panistas pesará lo mismo la opinión de la presidencia del PRD que la del PAN. Tendrán un candidato afín al PRD, y lo seleccionará ese grupo de cúpula de cúpulas que es el Frente, un congal pluripartidario.

Pedir la firma no es pedir el voto, es pedir que te pongan en la boleta, que te den la oportunidad de participar en la elección. Es como participar en una elección primaria, es dejar de ver de lejos los procesos de decisión y participar en ellos. Es definir si te gustaría que determinado personaje pueda competir en los comicios presidenciales; es ampliar el juego democrático. Las opciones son diversas: se puede elegir darle la firma a alguien por querer que compita una mujer que estuvo 30 años en un partido y que le negaron seguir participando; una mujer indígena vinculada a un movimiento que no sabemos si sigue armado o no; un comunicador; un legislador con experiencia en casi todos los partidos; un corrupto sin partido… en fin, que así como aspirantes a candidatos, hay razones para elegir.

Ahora que participo en esa recolección de firmas –¿adivinen a favor de quiééééén?– debo decir que es un gran ejercicio para quienes participan: tanto para los que piden la firma como para los que la dan. Es una especie de campaña a la antigüita, como las de la oposición cuando no se había corrompido, porque no había sido tocada por el poder. Tiene lo emotivo del contacto, de explicar la solicitud y del entusiasmo de quien da la firma, que normalmente dice por qué la da y lo hace con gusto. Es el sentido inicial de las campañas: el contacto personal. Es lo más similar a una campaña puerta por puerta, algo que los políticos en su profesionalización –que es saludable– han olvidado: el contacto directo, genuino, gratuito, voluntario del que da y el que recibe.

Si algún aspirante a candidato independiente le pide la firma, désela, no le compromete a nada. Por ejemplo: usted puede darle su firma a el Jaguar Ríos Piter y votar por Pepe Meade (némesis de Ricardo Anaya, que asegura que va a ser el candidato del PRI); puede darle su firma al Bronco y votar por López Obrador, total, los dos fueron priistas decenas de años. Pero no sólo eso, se puede registrar como auxiliar y conseguir firmas para el candidato que usted decida que debe estar en la boleta de los independientes. Un gran ejercicio en el que el poder lo tiene la firma del ciudadano.

Twitter: @JuanIZavala

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