Opinión

Con el acuerdo comercial,
decir “confíen en nosotros” no es muy convincente

 
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TPP

Cada vez estoy menos contento con la forma en que la administración Obama está manejando la disputa por la Asociación Trans-Pacífico (TPP, por sus siglas en inglés). Entiendo el caso a favor del acuerdo, y aunque sigo inclinándome negativamente, no soy una de esas personas que creen que sería un absoluto desastre.

Pero la administración (y el propio presidente) no está ayudando a su posición descartando las quejas y sermoneando a los críticos de la TPP (a la senadora Elizabeth Warren, en particular) de que no tienen idea de lo que hablan. No sería una estrategia inteligente incluso si la administración tuviera los hechos en orden, cosa que no es así. En cambio, las afirmaciones sobre lo que está y lo que no está en el acuerdo siguen resultando falsas. Se nos afirmó que el procedimiento de solución de disputas no podría usarse para forzar cambios a las leyes nacionales; de hecho, aparentemente puede. También se nos dijo que la TPP no podría usarse para socavar la reforma financiera; otra vez, aparentemente sí puede.

¿Qué tan importantes son estas preocupaciones? Es difícil juzgarlo. Pero en efecto, la administración nos está diciendo “confíen en nosotros” y después en repetidas ocasiones maneja torpemente las preguntas sobre el acuerdo.

Aprobación vía rápida

El 22 de mayo el Senado del Estados Unidos aprobó una iniciativa de ley que daría vía rápida a la consideración legislativa sobre la Asociación Trans-Pacífico. El proyecto de ley, presentado por el presidente Obama, forzaría al Congreso a celebrar una votación de “sí” o “no” sobre el tratado terminado sin presentar ninguna enmienda, lo que según los negociadores podría descarrilar el acuerdo.
La legislación ahora debe ser aprobada en la Cámara de Representantes, donde enfrenta marcada oposición.

Aunque las autoridades siguen negociando el acuerdo, borradores filtrados han unido a una amplia coalición de críticos; muchos de ellos creen que ciertas cláusulas comerciales del acuerdo podrían dar demasiado poder a las corporaciones multinacionales sobre naciones soberanas.

Una de las oponentes más feroces del acuerdo ha sido Elizabeth Warren, senadora de Massachusetts. “Imagínense que Estados Unidos prohíbe un químico tóxico a menudo incorporado a la gasolina debido a sus consecuencias sobre la salud y el ambiente”, escribió en febrero en una columna de opinión para The Washington Post. “Si una compañía extranjera que fabrica el tóxico químico se opone a la ley, normalmente tendría que enfrentarla en una corte de Estados Unidos. Pero (con la cláusula de solución de disputas entre inversionistas y Estados), la compañía podría saltarse las cortes de Estados Unidos y presentarse ante un panel internacional de árbitros. Si la compañía ganara, el fallo no podría contenderse en las cortes de Estados Unidos, y el panel de arbitraje podría requerir que contribuyentes estadounidenses pagaran millones, o incluso miles de millones, de dólares por daños”.

El 21 de mayo Político publicó un informe detallando el papel de la Sra. Warren como testigo experta en un caso comercial de 2000 donde una firma canadiense se valió de cláusulas similares de solución de disputas entre inversionistas y Estados bajo el paraguas del TLCAN para buscar compensación por daños del gobierno estadounidense. El informe desconcertó a muchos observadores, y algunos dijeron que el artículo parecía sugerir que la Sra. Warren estaba siendo hipócrita por participar en el arbitraje, pese a que estaba testificando para ayudar a defender al gobierno de la acusación.

Twitter:@NYTimeskrugman

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