Opinión

Compromisos de París: asunto pendiente

 
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Efecto invernadero. (ECOticias.com)

Como se sabe, la agenda de París firmada hace casi un año, exige una reducción temprana y drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero a escala mundial, si es que el grave problema del cambio climático va a atacarse de modo sincero y en condiciones de igualdad entre las naciones.

Este mismo mes de noviembre, se espera que el acuerdo de París pueda ponerse en marcha, pues el número requerido de países que ya han ratificado el documento, representan el 55 por ciento de las emisiones globales. Es una buena noticia, si tomamos en cuenta que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) cumple casi un cuarto de siglo esperando un tipo de compromisos como los de París.

Y sin embargo, incluso esos acuerdos tan celebrables, no alcanzan los niveles de reducción de emisiones que asegurarían que nuestro mundo se dirija hacia un camino seguro, uno en el que el aumento de temperatura no sea mayor a dos grados centígrados para finales de este siglo.

Mientras tanto, la escala y la peligrosidad de los impactos del cambio climático aumentan, y las cuestiones de equidad y responsabilidad nacionales (cosa que se encuentra en el núcleo de la UNFCCC) en realidad no han sido abordadas. Por lo tanto, no hay razón para la euforia, ya que los problemas de más difícil solución, centrados en torno al concepto de “responsabilidad común, pero diferenciada”, no se han resuelto.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) en su Quinto Informe de Evaluación (AR5) señaló que “el cambio climático va a amplificar los riesgos existentes y crear nuevos riesgos para los sistemas naturales y humanos. Los riesgos se distribuyen de manera desigual y en general son mayores para las personas desfavorecidas”.

Las naciones pobres están muy poco preparadas para la gestión de los riesgos de desastres relacionados con el clima, y una de las principales aportaciones de las naciones desarrolladas deberían ser la transmisión de conocimientos técnicos, la creación de capacidades para hacer frente a estos desastres, incluyendo el establecimiento de los sistemas de alerta temprana. El caso de Haití vuelve a ser ilustrativo: muy cerca de una de las regiones más prósperas del mundo, se pudo haber reducido al mínimo los daños que sufrió por el paso del huracán, si hubiese recibido a tiempo, la ayuda para la creación de un plan de resiliencia. Y lo mismo puede decirse para toda la región del Caribe y América Central, muy vulnerables a los huracanes que son cada vez más frecuentes y cada vez más graves.

Vuelvo a citar al AR5 “Es casi seguro que la intensa actividad de ciclones tropicales ha aumentado en el Atlántico Norte desde 1970”. La ONU ha clasificado a 52 estados como Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS, en inglés), y como grupo, éstos representan algunas de las comunidades más vulnerables del mundo. Su bienestar y la reducción de la exposición al riesgo es una parte fundamental de la agenda global, y hasta hoy, persiste casi olvidada.

La segunda parte de la agenda inconclusa de París se relaciona con la poca ambición colectiva para reducir las emisiones de GEI en el mundo desarrollado. Tal y como estamos hoy, el mundo sigue una ruta imparable de calentamiento que ya será una catástrofe global antes del año 2100. Los líderes mundiales tienen que ver el futuro de la sociedad humana como una realidad interdependiente que va necesitar acciones de coordinación cada vez más amplias y con una idea de corresponsabilidad bien asumida. Los Acuerdos de París son importantes, pero urge su sincera y decidida puesta en marcha. Nuestra inacción o indolencia no nos serán perdonadas, a la vuelta de la siguiente generación.