Opinión

Complicaciones

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Janet Yellen en su primera conferencia como presidenta de la Fed

El desfavorable comportamiento de los mercados financieros durante la semana pasada en México ha puesto nervioso a más de uno, por lo que siguió tomando fuerza la posibilidad de que el Banco Central pueda intervenir pronto con el objeto de evitar afectaciones mayores. En pocos días el tipo de cambio alcanzó máximos de 15.52 pesos por dólar; el rendimiento del bono de 10 años subió por encima de 6.02 por ciento anual, mientras que la bolsa fue la que menos resintió al reportar una pérdida de sólo 2.06 por ciento.

Con el cambio de giro sobre la principal preocupación que ahora representa la estabilidad financiera del país, el Banco Central ha mostrado un claro interés por lo que sucede con el posible traspaso de la depreciación del tipo de cambio a los precios y por el desorden que llegado el momento podría observar la salida de capitales de México, ante el probable endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos.

Sobre el traspaso de la depreciación del tipo de cambio a los precios, comentamos la semana pasada que al parecer ésta ya empezó a darse a partir de la primera quincena de febrero a través del aumento de los precios de las mercancías no alimenticias. Dicho subíndice no sólo subió 0.59 por ciento con respecto a la quincena anterior, cuando el índice general tan sólo lo hizo en 0.11 por ciento, sino que también representó el aumento más elevado que se ha registrado en los últimos 15 años. Estos dos elementos son suficientes para ser tomados en consideración sobre el posible efecto de la depreciación sobre la inflación.

Respecto al carácter, desordenado o no, de la salida de capitales del país, la mejor forma de apreciarlo es a través del comportamiento del tipo de cambio. En cuestión de pocos días durante la semana pasada el tipo de cambio superó la barrera de 15.00 pesos por dólar hasta alcanzar 15.52 pesos, reflejando no sólo un fuerte movimiento alcista (la magnitud), sino también el incremento en la volatilidad, misma que no pudo ser contenida por la venta de divisas ordenada por el Banco Central. Estos dos elementos estarían mostrando de alguna forma que también ha empezado a desordenarse la salida de capitales de México.

Los factores que se encuentran en la base de este posible desorden en la salida de capitales son externos e internos. En el ámbito externo, el más importante es la posibilidad de que la Fed pueda aumentar la tasa de interés de referencia antes de lo que se estima, percepción que se vio fuertemente alimentada la semana pasada al conocerse que la tasa de desempleo en Estados Unidos bajó a 5.5 por ciento en febrero, a la vez que se reportaba la creación de cerca de 300 mil nuevos puestos de trabajo. Este factor se combinó con el inicio formal del proceso de compra de activos por parte del Banco Central Europeo. Como podrá apreciarse, estos dos elementos conducen a los mismos resultados: a la apreciación del dólar y a la depreciación del euro y del resto de monedas del mundo, en particular de las de países emergentes.

Dentro del mismo ámbito de los determinantes externos, se ha sumado también el deterioro de las finanzas de algunos países en el mundo, como son los casos de Ucrania y Brasil, que amenazan con contagiar al resto de países emergentes. Este hecho presiona para una mayor salida de capitales de dichos países, reforzando así el proceso anterior.

En el orden interno, uno de los factores que pese al recorte del gasto público sigue siendo motivo de preocupación o de inquietud es el estado de las finanzas públicas. Las cifras de enero muestran un sustancial incremento del déficit fiscal, el cual no sólo rompe el patrón estacional (siempre en los primero meses del año se reportan superávit), sino que llama poderosamente la atención el hecho de que haya respondido, contra lo que se esperaba, a un fuerte incremento del gasto público y no a una caída en los ingresos. Al respecto, la Secretaría de Hacienda y Gasto Público reportó la semana pasada que en enero se registró un déficit fiscal de 91 mil 544 millones de pesos, producto de una caída de 3.4 por ciento de los ingresos reales y de un incremento de 18.1 por ciento real del gasto público. Este resultado fortalece la percepción de que el recorte del gasto está plenamente justificado en función de lo que está sucediendo hoy con las finanzas y no con base a lo que pasaría en 2016.

En el mismo orden de ideas, destaca también la declaración del secretario de Hacienda en Londres respecto a que en 2016 se llevarán a cabo recortes del presupuesto en vista de la caída de los ingresos petroleros que se espera para ese año. Como es de entenderse, un recorte del gasto público deberá también afectar la perspectiva del crecimiento económico esperado.

En resumen, se están complicando los dos factores que podrían afectar la estabilidad financiera mexicana en el corto plazo, por lo que no debe descartarse que pronto el Banco central pueda aumentar la tasa de interés de referencia, iniciando así un proceso que podría durar varios años.

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