Opinión

Competitividad y reformas

10 febrero 2014 4:26 Última actualización 18 septiembre 2013 5:2

 
Mario Rodarte E.
 
 
 
 
La economía mexicana enfrenta, una vez más, los embates de una crisis generada en el exterior, que no sólo ponen a prueba su capacidad de resistencia, sino que vuelven a mostrar que nuestra principal debilidad radica en la poca atención que hemos dedicado a fortalecer a los tres principales actores económicos: familias, empresas y gobierno. Las estadísticas del mercado laboral muestran una situación realmente precaria de las familias, ya que una gran parte de la fuerza de trabajo se ocupa en el sector informal, o está ocupado por empresas o patrones que no le ofrecen un contrato, ni prestaciones, ni acceso al sistema de salud. De los que laboran con contrato y prestaciones, poco más de 8 por ciento percibe más de cinco salarios mínimos al mes, lo que los coloca en el decil más alto de ingresos, aunque con eso apenas sobreviva, en especial si tiene que complementar los malos servicios públicos que recibe efectuando erogaciones para acceder a una mejor educación para su familia, o un mejor cuidado de la salud.
 
 
La gran mayoría de las empresas son micro, pequeñas y medianas, sin tecnología, informales, sin acceso al mercado de crédito, que no pagan impuestos y con una elevada tasa de mortandad. Estas empresas no exportan ni producen insumos para la gran industria exportadora, ya que al carecer de tecnología y sin registros, no son atractivas para que alguno de los programas de emprendedores, públicos o privados, los agrupen, instruyan, financien y acompañen en la aventura de integrarse a una cadena productiva de exportación. Del gobierno ni qué decir, con una elevada dependencia del petróleo, un sistema fiscal complejo e inequitativo, injusto en muchos casos, con programas de gasto altamente ineficientes, ya que no promueven casi nada en absoluto. Ni elevar la tasa de crecimiento, ni generar empleo, ni hacer más productivo al campo, o reducir la pobreza extrema. No importa cuánto se eleve el gasto en cada ejercicio presupuestal, el resultado es el mismo; sólo crece la clase que vive de las rentas gubernamentales, o de la corrupción de que son objeto la mayoría de los programas.
 

Ahora que inició la presentación de iniciativas de reforma y que al parecer marcha a toda vela para que se aprueben, muchas de ellas relevantes, en tiempos récord, la economía del vecino del norte nos viene a llamar la atención en el sentido de que las reformas por si mismas nada van a lograr, si no es que los mexicanos decidimos tomar la iniciativa para mejorar y ser más productivos; en una palabra, para ser más competitivos. Los impuestos verdes y la iniciativa de gravar las importaciones de maquiladoras ofrecerán un enorme incentivo para que quienes se vean amenazados por los gravámenes empiecen a ver la forma como pueden salir del paso, sin las clásicas maniobras para evadir, que es el domingo siete, con que muchas empresas y agentes reaccionan ante estas medidas. Gravar el consumo de combustibles que emiten gases de efecto invernadero es una oportunidad de oro para transformar a una buena parte de la industria; desde la que produce energía, hasta otras, como la del acero, o las productoras de maquinaria y equipo.

 
 
Sin necesidad de volver a pedir que se instituya la depreciación acelerada, que normalmente beneficia a quienes no deben y opacan el logro del objetivo básico, existe una gran cantidad de fondos multilaterales que apoyan estos programas, así como crédito que puede solicitarse a través de la banca de desarrollo, para ponerlo al alcance de las empresas que lo requieran. Este solo programa, sumado al que en teoría se pondrá en marcha para la renovación del parque vehicular de personas en áreas urbanas, así como el de renovación del parque vehicular de carga, deben lograr que se reduzca de manera considerable la emisión de los gases mencionados, aparte de contribuir a reducir los costos de operación de muchas empresas y ayudar a elevar su productividad, lo que mejoraría su competitividad. Si las dos grandes empresas del gobierno generadoras de energía logran controlar a sus sindicatos, para que se facilite la renovación de equipos y tecnología, así como ampliar la capacidad, sin que se contrate ninguna nueva plaza, se habrán logrado cosas muy interesantes, que pueden traducirse en precios más bajos.
 
 
Finalmente están el gobierno y las empresas, en donde no es necesario repetir que el gobierno debe iniciar un gran recorte de plazas y una reorganización mayor, sin necesidad de contratar consultores que cobran hasta por dar la hora, usando claro, el reloj de quienes los contratan. Basta que analicen los trabajos, que en apariencia son maravillosos, que realizaron para las dos administraciones anteriores, por lo menos y que empiecen a poner en práctica algunas de las recomendaciones ahí contenidas, que no deben ser muchas. Las empresas podrían empezar por estudiar en forma más seria y comprometida la necesidad de fortalecer sus áreas de innovación e investigación, buscando instrumentar las mejores prácticas en todas las áreas de la empresa, desde la selección de personal, hasta empaque y logística, pasando por la administración financiera, a efecto de que sus reducciones de costos se den a través de mayor productividad y el uso de mejores insumos. La época de esperar a que vengan las reformas y sentarse a ver que es lo que el gobierno ofrece hay que hacerla cosa del pasado y enterrarla para bien.
 
rodartemario@hotmail.com