Opinión

Competencia política e inseguridad en la CDMX

   
1
  

 

ciudad de méxico

Varios factores contribuyen a explicar que la Ciudad de México no haya padecido hasta ahora crisis de violencia equiparables a las que se han registrado en otras regiones del país. Un factor decisivo es la existencia de una fuerza policial numerosa y cohesionada (no existen policías municipales, que por regla general son el eslabón más débil entre las instituciones de seguridad pública del resto del país). Durante el gobierno de Marcelo Ebrard también se incorporaron con éxito algunos elementos de un modelo de policía de proximidad. Por ejemplo, la ciudad se dividió en cuadrantes, y se responsabilizó a un pequeño grupo de policías de la vigilancia de cada uno.

Sin embargo, otro factor importante para la relativa paz en la capital ha sido de carácter político. Desde 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la primera elección para jefe de Gobierno del Distrito Federal, la ciudad había tenido en el PRD algo parecido a un partido hegemónico. Esta hegemonía significó que –para bien y para mal– los gobiernos del sol azteca tuvieran un grado importante de control sobre los actores y los grupos de interés que operan en todas las colonias de la capital, incluyendo ambulantes, franeleros, taxistas y dueños de antros. Si algo en la capital se salía de control en materia de seguridad, el jefe de Gobierno siempre podía jalar hilos importantes. Al gobierno le interesaba mantener una relativa tranquilidad y tenía cómo lograrlo. Así pasó, por ejemplo, después del multihomicidio en el Bar Heaven, de la Zona Rosa, en mayo de 2013. Durante las semanas siguientes se incrementó la presencia policial en la colonia, y la delegación Cuauhtémoc y el Instituto de Verificación Administrativa se dieron a la tarea de cerrar algunos giros negros.

La hegemonía perredista en la capital llegó a su fin de forma drástica el año pasado con el triunfo de Morena en cinco delegaciones. Este cambio no se ha traducido en una crisis de violencia e inseguridad. Los homicidios en la Ciudad de México han permanecido relativamente estables desde 2010 (de acuerdo a cifras del Inegi se registran poco más de mil al año), y las cifras disponibles no apuntan a un escalamiento para 2016.

Sin embargo, en los últimos meses se han reportado una serie de incidentes en la Condesa que sugieren que el crimen organizado ha ampliado su presencia en esa emblemática colonia. El último involucró una riña entre el escritor Rafael Pérez Gay y un vecino de un domicilio donde, de acuerdo con las pesquisas de Héctor de Mauleón, “entran y salen paquetes, entregan cosas, van y vienen mensajeros en la noche”. El incidente acabó con amenazas de muerte no sólo contra Pérez Gay y su familia, sino también contra dos de los comunicadores que le dieron cobertura: de Mauleón y Denise Maerker. El agresor claramente se sabe o se siente invulnerable.

Como bien señaló Pérez Gay en una entrevista en W Radio, los incidentes como el suyo se relacionan con las actividades comerciales que se desarrollan en la colonia Condesa, en particular la proliferación de antros y bares, y la demanda de drogas que éstos generan. La solución de fondo no necesariamente pasa por las efímeras campañas de clausuras y reforzamiento de la vigilancia como la que se hizo en su momento en la Zona Rosa (si bien estas acciones ayudan a contener el problema). En el largo plazo el dinero y el poder corruptor que generan los antros terminan por imponerse.

Antros habrá mientras la gente quiera salir. Si se clausuran en la Condesa abrirán en otros lugares, posiblemente en colonias donde los vecinos tengan menos medios para denunciar la inseguridad. Narcomenudeo habrá mientras haya demanda de drogas. Sin embargo, sí es posible evitar que las mafias que mueven la droga tengan una presencia continua en los antros, que vean quién entra y quién sale, que extorsionen a los dueños y que esporádicamente maten a sus rivales o que incluso se sientan con el poder para amenazar a vecinos y periodistas. Si de verdad queremos evitar que haya mafias que controlen los antros y las calles de la ciudad es necesario mantener un trabajo continuo de inteligencia policial, no sólo reaccionar a los casos que reciben mayor cobertura en los medios. En particular se deben tomar medidas para evitar que la venta de droga se lleve a cabo al interior de establecimientos mercantiles o en la vía pública (no porque con ello se acabe con el narcomenudeo, sino porque los riesgos de sucesos violentos son mucho menores cuando la distribución de drogas se realiza por otras vías, como la venta a domicilio).

Para evitar un repunte de la inseguridad en la ciudad también será necesaria visión de Estado por parte de las autoridades de distintos partidos, sobre todo del PRD y de Morena. Más allá de la competencia con miras a las elecciones de 2018, el gobierno de la ciudad y las delegaciones, que son responsables de supervisar la operación de los establecimientos mercantiles, tendrán que poner de su parte para seguir jalando los hilos que sean necesarios en contra del crimen organizado. El peor escenario sería que –como ocurre en varios estados de la República– los intereses criminales encontraran un aliado en alguno de los grupos políticos que se disputan el poder.

Twitter: @laloguerrero

También te puede interesar:
Buenas intenciones, malos resultados
El joven y el elefante
Dos anuncios promisorios