Opinión

Cómo salvar al planeta, a un costo mínimo

Joe Romm, físico y editor del blog Climate Progress, recientemente dirigió la atención a la tercera parte del informe más reciente del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que trata de los costos de la mitigación global, o de reducir las fuentes de gases de invernadero.

El Panel anunció a principios de mes que estos costos no son tan grandes; algunos puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB), incluso para finales de siglo, lo que solo significa un golpe trivial para la tasa de crecimiento.

En cierto nivel esto no debería considerarse noticia. Desde hace algún tiempo ha sido aparente que dados los incentivos correctos, los países podrían conservar crecimiento económico incluso reduciendo enormemente las emisiones de gases de invernadero. Pero, de hecho, hay algunas noticias que refuerzan enormemente el caso de que salvar el planeta sería bastante barato.

Primero, unas palabras sobre el principio general de esto. De hecho, por una vez me toca jugar al periodista “equilibrado” y criticar duramente a la izquierda y la derecha. Hay algunas personas de la izquierda que siguen insistiendo en que el crecimiento económico es incompatible con la reducción de emisiones y que, por tanto, tenemos que dar la espalda al crecimiento. Esta gente no tiene poder y no hace ningún daño real.

No obstante, vale la pena señalar que tienen una noción demasiado estrecha de lo que significa tener una economía en crecimiento. ¡No necesariamente significa más cosas! Podría ser mejores cosas, o más servicios, y también se pueden tomar decisiones sobre cómo producimos y distribuimos las cosas. Absolutamente no hay ningún motivo para creer en una relación de uno a uno entre el PIB real y los gases de invernadero.

Como cuestión práctica, las falacias de la derecha son mucho más importantes; efectivamente, podrían destruir la civilización. Lo notable de los comentarios del ala derecha sobre la economía de la reducción de emisiones es la forma en que la gente de esa inclinación repentinamente parece cambiar su opinión sobre la efectividad de los mercados. Normalmente exaltan la magia del mercado, que puede ignorar todo límite. Pero de alguna forma simultáneamente creen que los mercados serían totalmente incapaces de manejar un impuesto al carbono. Los recursos escasos no son problema; los derechos limitados para contaminar serían catastróficos. No es difícil ver aquí las segundas intenciones, pero aún así es peculiar.

De hecho, deberíamos ser optimistas sobre la capacidad de una economía de mercado para reducir las emisiones dados los incentivos. Y ahora ya sabemos algo aquí: las perspectivas tecnológicas para una economía con baja emisión han mejorado radicalmente. Como que resulta rara la poca atención que dan los medios a la revolución solar, pero es una cosa realmente importante.

Es posible que la energía solar desplace al carbón incluso sin incentivos especiales. Pero no podemos contar con eso. Lo que sí sabemos es que ya no es remotamente cierto que tengamos que seguir quemando carbón para satisfacer la demanda de electricidad. El camino está abierto para una reducción drástica en emisiones, a un costo no muy alto.