Opinión

¿Cómo irá el 2014? ¿Alguien sabe?


 
El año pasado las estimaciones de crecimiento pasaron de la buena voluntad de 4 por ciento a un paupérrimo uno por ciento; este tipo de fallo es enorme y dificulta el proceso de planeación. Para el 2014 continúa la incertidumbre y la gran pregunta es si los estrategas (si es que los hay) saben lo qué están haciendo.
 
 
La realidad es un juez aplastante: desmiente o confirma los dichos. A los economistas dogmáticos de cualquier escuela o tendencia se les olvida que la teoría es “simplemente” el intento de entender los hechos. Los errores en los pronósticos son frecuentes y parecieran “deseos”, en lugar de estimaciones precisas. Navegan con la idea de que el mercado operará resultados satisfactorios por sí solo. Pero no ha sido así.
 
Después de 20 años de arrancar el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica e iniciar la plena inserción de México en la carrera de la globalización, el impacto es sumamente cuestionable, pues el avance promedio del PIB en esas dos décadas es de apenas 2.7 por ciento y seguimos altamente dependientes de Estados Unidos, cuando somos el país con el mayor número de tratados en el mundo. Es significativo que la tasa mencionada sea muy similar al incremento medio de nuestros vecinos del norte (2.51 por ciento) en ese mismo periodo.
 
 
Ante la posible argumentación de que fueron otros factores los que evitaron el crecimiento, habría que achacarle la responsabilidad a la política pública. Por otra parte, es insostenible teóricamente que por 20 años se crezca una tasa similar a un país desarrollado, quien por naturaleza misma tiene tasas bajas por estar cerca de su potencial máximo.
 
 
Hasta hoy, no se han dado periodos de alto crecimiento como los del llamado desarrollo estabilizador y el de la época del boom petrolero. La primera, con una industria protegida y bajo un esquema de sustitución de importaciones; y la segunda, con López Portillo, cuando el ingreso de divisas de petróleo y el alto endeudamiento permitió aumentos en la producción superiores al 8 por ciento por cuatro años consecutivos.
 
 
Así como se habló del alto desempeño de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ahora se maneja la idea de los MINT (México, Indonesia, Nigeria y Turquía), que en el caso particular nuestro está sustentado en el impulso de las recientes reformas estructurales con el ingreso de capitales a sectores tales como el energético o el de telecomunicaciones. Otros factores que apuntan los especialistas es el cambio en la composición de edades, lo cual permite un mayor número de personas trabajando (siempre y cuando lo encuentren) y también su posición geográfica estratégica. A todo esto se le ha llamado el “Mexican Moment”.
 
 
Sin embargo, esta misma expectativa se generó con el Tratado de Libre Comercio y como ya quedó demostrado el resultado fue nulo en términos de crecimiento general.
 
Falta la acción del gobierno que carece de una política de estímulo económico; siguen empeñados en la rectoría del Estado como “única” forma de intervención, cuando se ha demostrado que faltan otros ingredientes en la fórmula.
 
Peor nos va con esta evaluación si consideramos la elevación de los índices de pobreza y la concentración de la riqueza. Es decir, el poco avance ha sido mal repartido.
 
 
El modelo sigue sin funcionar.