Opinión

¿Cómo influye la comunicación en las finanzas familiares?

Las quejas abundan: “Mis hijos no saben el valor del dinero”; “Mi esposa gasta demasiado con la tarjeta de crédito”; “Mi esposo no ha podido formar un patrimonio”. El problema es que en la mayoría de las ocasiones se quedan en el regaño, la acusación, o peor, en una conversación que nunca se llevó a cabo, guardando el resentimiento.

En este Día Internacional de la Familia es conveniente reflexionar sobre lo importante que es el núcleo del hogar para la toma de decisiones financieras, pues actúa como si fuera el consejo de administración de una compañía. Si bien, alguien manda en casa, también es muy valioso compartir las resoluciones para generar un compromiso por parte de todos.

En relación a las finanzas se da con mucha frecuencia la secrecía, al grado de que hay temas tabú, cómo preguntarle a los padres si tienen testamento; saber cuánto gana el jefe de familia; cuál es el nivel de gastos de la casa; en dónde están depositadas las inversiones; o sobre qué conceptos se tiene un seguro.

Habrá de reconocerse que es complicada la comunicación de estos aspectos y llegar a consensos no siempre es posible. Podría adelantarme a decir que el camino nunca se alcanza a recorrer del todo, porque al ir avanzando las edades, la interacción también se transforma.

Para ayudar a esas discusiones complicadas y llenas de emocionalidad hay una metodología muy útil sobre “Comunicación no Violenta”, desarrollada primordialmente por Marshall Rosenberg que podría aplicarse para temas de finanzas.

Un principio básico es que detrás de una molestia siempre hay una petición; es decir, buscar siempre convertir los enojos en solicitudes concretas.

Un punto de partida es que siempre hay una intención positiva en las acciones por parte de quien las hace y luego partir en la conversación siempre de hechos específicos.

Con regularidad los reclamos están cargados de juicios que rondan en lo general, ideas preconcebidas o incluso con una intención de adivinar la mente, como “Ustedes creen que el dinero se da en los árboles” o “Mi pareja me quiere quebrar” o sentencias como “Nunca sabrán apreciar lo que tienen”.

Deben hacerse a un lado: insultos; la ciencia ficción como “Seguramente tú…”; los extremos como “Te suplico que… ”; generalidades como “Siempre haces eso… ”; acusaciones como “Lo que pasa es que tú…”; ambigüedades como “Tienes un comportamiento extraño...” o presuposiciones como “Lo que tú quieres es…”

Twitter: @finanzasparami