Opinión

¿Cómo tomar mejores decisiones?

 
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Las decisiones y su ejecución son parte esencial de las finanzas personales.

Hay quien dice “ya sé lo que debo hacer”, pero de nada sirve si lo posterga en forma indefinida por miedo o costumbre, permitiendo que las circunstancias lo conduzcan a cualquier lugar como barco a la deriva.

El tiempo perdido es irreparable y las grandes crisis no acontecen de la noche a la mañana; se van cocinando lentamente con las actitudes cotidianas y se ve reflejado en atrasos en el pago de recibos; caer en el consumismo; liquidar sólo los mínimos en las tarjetas; olvidar el presupuesto, etcétera.

El resultado es la falta de ahorro, pérdida del patrimonio o insolvencia en la vejez, entre otras cosas.

En este contexto son valiosas las aportaciones de Chip y Dan Health en su libro How to make better choices in life and work, donde afirman que muchas de nuestras elecciones son secuestradas por lo que creemos importante en el momento de enfrentarnos a ello; es decir, nos dejamos llevar por una intuición mal sustentada.

Los autores, académicos de prestigiadas universidades de Estados Unidos, sugieren técnicas sencillas para alentar al cerebro a tomar en cuenta las consecuencias de largo plazo.

En principio, identificar la distancia emocional, imaginando qué sucederá desde una perspectiva a futuro, porque regularmente uno actúa en función de un beneficio rápido. Eso lo saben bien los vendedores quienes tratan de hacerlo sentir a uno que se puede obtener una satisfacción inmediata, aún cuando cause un desajuste financiero después.

Por tanto, debemos forzarnos a pensar en el futuro. Proponen una metodología llamada 10/10/10 que consiste en preguntarse las consecuencias de la decisión en los próximos 10 minutos, 10 meses y 10 años.

Otra manera es percibir la resolución desde una posición de observador, como si estuviera a distancia, detallando los aspectos trascendentes y cuestionarse ¿qué le voy a recomendar a mi mejor amigo?

A veces nuestras decisiones no se distraen por las emociones a corto plazo, pero sí por las prioridades de la vida.

Habrán de definirse valores, metas, aspiraciones y cuáles son más relevantes.

Esto es básico, porque los recursos son escasos, tanto en tiempo como en dinero. Respondamos: ¿qué hago primero?

Tendemos a ser demasiado confiados en nuestros conocimientos y experiencias.

Por eso hay que considerar los peores y los mejores resultados. Los autores apuntan: dejemos de reaccionar sin evaluar y pasemos de 'piloto automático' a 'manual'.

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