Opinión

¿Cómo garantizan que no es más de lo mismo?

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Olegario Vazquez Raña

Como resultado directo de la reforma en telecomunicaciones, el miércoles pasado concluyó la licitación de dos cadenas comerciales abiertas de televisión. Las dos son concesiones federales que deberán (¿deberían?) ofrecer contenidos en sus programaciones que estimulen el desarrollo armónico de la comunidad mexicana.

¿Quién puede asegurar esto?

El señor Olegario Vázquez Aldir ofreció la suma de mil 808 millones de pesos y una cobertura de 123 zonas como cobertura; a su vez, el señor Pancho Aguirre ofreció tres mil cincuenta y ocho millones de pesos, la misma cobertura. Pero ninguno de los dos garantizó que la audiencia, el público que debiera ser el principal beneficiario, tendría acceso a contenidos que transmitan valores educativos, científicos, históricos, culturales, artísticos de calidad. Hasta el momento no sabemos cuál será su carta ideal de programación; ignoramos quienes son los posibles productores, en dónde están sus proveedores de emisiones infantiles, informativos, series, películas, etcétera y adquisiciones en el extranjero. De lo importante no sabemos nada.

Las dos nuevas cadenas han pagado inicialmente 415 millones de pesos como garantía de seriedad; sí, seriedad económica. ¿Y de la seriedad y compromiso con la audiencia?

Los nuevos concesionarios, que hasta ahora dicen no tener socios, ¿saben que en México y en el mundo los presupuestos para televisión convencional tienden acusadamente hacia la baja?

¿Saben que en la TV de paga se pueden ver decenas de canales, unos de pronunciada mediocridad, otros violentísimos, varios de pornografía y excepcionalmente algunos que ofrecen arte, creatividad, talento, humor fino, diversión inteligente y axiología digna; lo saben?

¿Sabrán que no es el número de canales lo que necesitamos?

¿Acaso ignoran que la TV digital, los móviles, las tabletas, predominan en el mundo y que sólo en la cadena YouTube se intercambian los videos que producen niños y jóvenes con más de tres mil millones de realizaciones diariamente?

Si añadimos más cadenas tecnológicas y los otros dispositivos que cada 24 horas crecen y crecen en internet, estamos hablando de casi seis mil millones de fotos, videos, textos, películas, series, piezas de teatro, entrevistas, reportajes que van y vienen de paso en paso y en vertiginosas oleadas en los cinco continentes.

¿Ignoran que más de la mitad de la humanidad se está alejando de las estaciones televisoras convencionales como la que pretenderán hacer y que en México continuamos haciendo?

El Ifetel ha calculado que esas dos nuevas cadenas de negocios que incluirán quien sabe qué contenidos como pretexto para insertar anuncios, le arrebatarán apenas 8.0 por ciento de publicidad a Televisa y Azteca en ¡seis años!

¿Por qué las nuevas cadenas no se asociaron a universidades, institutos de investigación, organizaciones no gubernamentales y en definitiva a los medios públicos a los que nos cuesta tanto producir y ofrecer los mejor de nuestros esfuerzos a un público enajenado con emisiones chabacanas, información tendenciosa y melodramas que han condicionado la identidad nacional con lloriqueos de comedias estereotipadas, con un balón de futbol y una bolsa de papitas fritas?

¿En dónde nutre la población su necesidad de auto medicarse si no es en esos gigantescos plasmas de colores; y por qué padres e hijos aumentan sus vientres hasta alcanzar campeonatos mundiales de obesidad; dónde han visto y en dónde han sido invitados a ingerir azúcar por kilos y degustar constantemente poliinsaturados?

Con las nuevas disposiciones, todos los canales abiertos gozarán de la “multiplexación”, en otras palabras, cada canal tendrá una, dos y hasta tres señales independientes desdobladas; además, los servidores de paga deberán incluir a los canales abiertos. En suma, si algo sobra actualmente son canales de TV que ofrecen casi lo mismo: una abultada dosis de violencia, variopinta estulticia, un martilleo comercial y considerables bolsas de utilidades para anunciantes y concesionarios.

Si queríamos eso, ya lo tenemos multiplicado, expandido; si queríamos calidad y una axiología que contribuya al desarrollo individual y colectivo, entonces, hay que reconocerlo, perdimos una oportunidad singular.

Twitter: @RaulCremoux

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