Opinión

Cómo ganar en 2016, 2017 y 2018

 
1
 

 

OHL trabajando. (Cuartoscuro/Archivo)

Con los últimos acontecimientos que se han hecho públicos sobre el escándalo de OHL, por fin empiezo a entender por qué el presidente Peña estaría tan preocupado con el proceso electoral de 2018.

Se ve sumamente difícil que un candidato priista vaya a ganar la presidencial y reemplazar a Enrique Peña Nieto. Es imposible que gane un candidato que esté dentro del círculo cercano del mandatario mexicano.

Yo sé que es difícil comprender el escándalo en que podría estar envuelta la empresa española OHL y cómo vincula directamente al presidente Enrique Peña Nieto y al secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza.

Muchos colegas periodistas y analistas nacionales e internacionales ya han escrito sobre este tema y han intentado explicar lo que podría configura actos de corrupción, conflictos de interés y abuso de autoridad por funcionarios de los más altos niveles del gobierno.

Pero lo que sí es claro es que las conversaciones y los documentos filtrados a los medios de comunicación han incomodado tanto a personajes sumamente poderosos que ya enviaron un comando a arrestar al abogado de la empresa Infraiber e intentaron plantar un arma en su carro.

Este acto probablemente fue el error que podría hundir al presidente y seguramente al secretario de Comunicaciones y Transportes. Porque antes de que detuvieran ilegalmente a este abogado todavía se podía especular que las filtraciones y acusaciones entre OHL e Infraiber eran un problema entre dos empresas que estarían usando tácticas rudas para resolver un conflicto netamente comercial. Pero al tener la participación de un comando de la PGR es una abierta confirmación de la preocupación que existe entre algunos personajes dentro del gobierno de México sobre estas acusaciones y filtraciones.

Casi casi han declarado públicamente su culpabilidad. Y el caso OHL, a diferencia de los otros “escándalos” que persiguen a la Presidencia y su círculo cercano, no va a desaparecer por más que presionen e intimiden el gobierno y OHL. También probablemente se convertirá en una plataforma para los candidatos presidenciales de 2018 que busquen derrocar al PRI. Y el candidato priista, si quiere ganar, tendrá muchas dificultades para defender el actuar de esta administración en temas de corrupción.

El gobierno federal y legisladores del PRI se han tardado tres años en debatir, votar, reformar la Constitución, y aún no han podido crear la fiscalía anticorrupción que se prometió desde el inicio de este sexenio. Para un gobierno federal que pudo negociar y promover y finalmente asegurar la aprobación de las reformas estructurales más complejas en la historia reciente de México, podríamos decir que es bastante “extraña” la negligencia e incapacidad para perseguir políticos y funcionarios corruptos. Y parecería que con cada filtración se confirma el por qué.

Una de las explicaciones que hay de la caída estrepitosa de la popularidad y la credibilidad del presidente Enrique Peña tiene que ver con el tema de corrupción que lo alcanza a él y a algunas personas de su gabinete. El presidente tuvo una oportunidad de oro para hacer un gabinetazo que reflejara su preocupación por cómo se le percibe públicamente y además distanciarse de funcionarios que obviamente serían cuestionados por su probidad y capacidad.

No lo hizo en su momento. Un factor agravante es que tampoco han tenido una estrategia para amortiguar los golpes directos al presidente Peña, al punto de que se está literalmente destruyendo cualquier posibilidad de que Peña Nieto pueda poner sobre la mesa una estrategia para investigar a los corruptos y proteger al presidente.

En cualquier país “normal” el secretario de Comunicaciones y Transportes y la procuradora ya habrían renunciado y se habría instalado una fiscalía especial para investigar al presidente de la República.

Pero México no es un país normal y sus gobernantes no han entendido lo peligroso que es para ellos un caso como OHL. Simple y llanamente han ignorado las pruebas que siguen surgiendo y los errores que están cometiendo.

Y la promesa de perseguir a gobernadores y presidentes municipales corruptos seguramente será la bandera de campaña para aquellos candidatos que busquen ser electos en 2016 y 2017. Y seguramente lo que definirá quién será el siguiente presidente o presidenta de México, serán aquellos candidatos o candidatas que prometan no sólo combatir la corrupción, sino denunciar e investigar al gobernante saliente y su equipo. Sobre todo no permitir, una vez más, la impunidad para los corruptos.

Twitter: @Amsalazar

También te puede interesar:
Encubrimiento a los otros culpables de Iguala
¿Y los salvavidas del país?, haciendo campaña
¿Gabinete de primera o segunda fuerza?