Opinión

¿Cómo evaluar al gobierno?


  
Cuando usted le pregunta a empresarios o inversionistas cómo valoran el desempeño del gobierno de Peña en este arranque de 2014, se encuentra con dos tipos de respuestas.
 
 
La primera es en realidad de queja. Se critica el bajo crecimiento que tuvo la economía en el 2013 y que afectó a numerosas empresas.
 
 
Conoceremos los resultados oficiales hasta el mes de febrero, pero si nos atenemos a los estimados más generalizados, la tasa del PIB estará en 1.2 por ciento. Se trata de la cifra más baja desde el terrible año de la crisis en el 2009. Así que pareciera existir razón en la expresión de malestar.
 
 
El segundo tipo de respuestas tiene que ver con el conjunto de cambios constitucionales efectuados en el primer año de gobierno.
 
La trascendencia de las modificaciones ha llevado a comparar este año con aquel en el que se firmó el TLC (1993) o incluso mucho más atrás, cuando se establecieron las reglas del juego del Estado mexicano allá por la década de los 30 del siglo pasado.
 
 
Y, en este caso, en el sector empresarial –pese al enojo con la reforma fiscal que ya ha entrado en operación- se considera que hay un balance muy favorable.
 
 
¿En qué quedamos?
 
 
El hacer el balance del desempeño de un gobierno es más complejo de lo que parece a primera vista.
 
Algunos de los cambios trascedentes, que probablemente son los que más van a contribuir al bienestar en el largo plazo, no van a reflejarse en el corto plazo.
 
Hay dos casos entre los cambios que se realizaron el año pasado, que sirven perfectamente como ejemplos.
 
Si se logra operar eficientemente la evaluación del magisterio como un método bien establecido y se logra generar una cultura de la excelencia en el ámbito de la educación básica, quizás dentro de un par de décadas podamos ver reflejado en una mayor competitividad ese cambio.
 
 
No antes.
 
 
Y sin embargo, es de los que puede transformar al país en el largo plazo.
 
Otro de los temas que han generado polémica ya en este momento es el tema de las tarifas eléctricas.
 
Difícilmente van a bajar las tarifas que hoy se encuentran subsidiadas y que son las más usuales entre los hogares.
 
 
Pero sí es muy probable que bajen las tarifas industriales y comerciales, reduciendo costos a las empresas, así como las de alto consumo en el servicio doméstico.
 
Esto ocurrirá cuando la provisión de gas natural sea más amplia, tanto por la construcción de una más densa red de gasoductos como por la explotación del gas de lutitas en México.
 
 
A la par, tiene que ocurrir la modernización de las centrales de generación de la CFE y la entrada de competencia en generación, que va a utilizar gas natural como combustible.
 
 
De este modo, a la vuelta de varios años, lo más probable es que baje el costo de la electricidad en México.
 
Pero ello no ocurrirá en el corto plazo.
 
 
Probablemente la mejor medición de desempeño de un gobierno va a ser el crecimiento y el bienestar que sea capaz de producir en la siguiente generación, es decir, la diferencia que puede haber hecho.
 
 
Le cito otro caso. El efecto positivo de la entrada en vigencia del TLC de Norteamérica, no se vio durante el sexenio de Salinas sino más bien durante el sexenio de Zedillo y en menor grado en los de Fox y Calderón.
 
 
El cambio en el ambiente económico que produjo el TLC propició un crecimiento de las exportaciones que por varios años se convirtió en el motor del país, hasta que se fueron perdiendo ventajas comparativas y nuevamente el mercado interno se convirtió en el factor determinante.
 
¿Qué tanto las reformas del año pasado van a contribuir al crecimiento de largo plazo en el país?
 
 
Quizás en este año podamos aventurar una valoración. La realidad quizás la vamos a conocer hasta el final de la presente década.
 
 
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