Opinión

¿Cómo este ingeniero consigue que el río ‘corra’ hacia arriba?

 
 
 

 

Iberdrola (Bloomberg)

El Golf que él conduce muy probablemente fue hecho en Puebla. Juan Antonio López lo usa todos los días para llegar hasta esta montaña en la ribera del río Duero. Recorre una hora y media de caminos llenos de curvas desde su casa hasta esta orilla de España desde la que los cerros de piedra de Portugal están tan cerca, que parecen venirse encima de uno.

López es el director de la hidroeléctrica de la presa fronteriza de Aldeadávila de Iberdrola, en la que ocurre aquello que podría confundirse con magia: el agua de este río binacional corre hacia abajo o río arriba, como lo quieran los 19 hombres que conforman el equipo de este ingeniero de Salamanca, literalmente.

El truco de esta prestidigitación es revelado: López generalmente deja que la fuerza del Duero mueva las álabes internas de los motores de esta hidroeléctrica. Esa energía produce casi mil 300 megawatts de electricidad que serían suficientes para hacer funcionar el 15 por ciento de toda la Ciudad de México.

Pero a veces esa electricidad no es necesaria y es preciso detener las máquinas.

A unos kilómetros de ahí, en Toledo, aerogeneradores del tamaño de la columna de la Independencia se mueven con la fuerza del viento con tal dinamismo que la electricidad que producen simplemente es demasiada para una noche de invierno en España.

Podrían desperdiciar esa energía eólica, pero es entonces cuando ésta se transmite por cables a la hidroeléctrica que comanda López para que los motores movidos habitualmente por el río consuman electricidad y giren en sentido contrario. Es así que esta estructura del tamaño de un centro comercial se convierte en una colosal bomba hidráulica.

El agua sube por túneles de varios metros de diámetro hasta otra presa, Almendra, aquí mismo, en la frontera hispanoportuguesa. Ahí es retenida para cuando la eventual escasez de viento o de combustibles para mover generadores de electricidad río abajo, haga imprescindible dejar correr el agua nuevamente, para producir electricidad, otra vez en el solitario complejo en el que López es una especie de capitán con poderes sobrenaturales.

Pero estoico, él suele sacudir la magia al proceso con una explicación.

Dice que esto es sólo un proceso de acumulación de energía, como aquella contenida en las ligas de una tensa resortera lista para lanzar una piedra. La energía, decía Eistein, no se crea ni se destruye, sólo se transforma. De energía cinética en un motor, a eléctrica en sus generadores.

España es capaz pues, de acumular energía de esta manera, guardando agua bombeada por una hidroeléctrica de Iberdrola, la empresa que en México encabeza Enrique Alba.

La semana pasada, la compañía celebró su junta anual de accionistas en Bilbao.

En un teatro repleto de los poseedores de los papeles de la empresa, los discursos refirieron el nombre de un país constantemente: México.

Aquí, Iberdrola, la empresa de mayor valor capitalización en Europa, aplicará inversiones por cinco mil millones de dólares que permitirán que al cierre de la década tenga más producción eléctrica en México que en España, su país de origen.

Ese dinero hasta ahora no tiene como destino la construcción de un almacén de energía mediante una hidroeléctrica de 'bombeo'.

Pero atención. En CFE hay planes de construir una nueva hidroeléctrica en Guerrero. Quizá los planes de su director Enrique Ochoa Reza cause que, eventualmente, el ingeniero del Golf venga a conocer Tierra Caliente.

Twitter: @ruiztorre

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