Opinión

Cómo enfrentar a Trump

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Donald Trump

Donald Trump arrasó el supermartes: ganó siete de los 11 estados en disputa y lleva 319 delegados; es decir, 100 delegados más que sus tres opositores juntos, Cruz, Rubio y Kasich. Además, está al frente en las encuestas de la mayoría de las primarias que están por venir. (Para amarrar la nominación requiere mil 237 delegados).

No hay elementos históricos para entender el fenómeno Trump. Es la primera vez que un candidato sin trayectoria política llega tan lejos en la tradición electoral de Estados Unidos. La última vez que un empresario consiguió un cierto éxito electoral fue en 1992, cuando el texano Ross Perot, compitiendo como independiente, logró el apoyo de 18.9 por ciento del electorado.

Trump sorprendió por su ataque a México y a nuestros inmigrantes desde que anunció su candidatura en donde proclamó: “México no es nuestro amigo, créanme; nos está matando económicamente”. Al hablar de nuestros inmigrantes dijo: “Están enviando a personas que tienen un montón de problemas, y que van a traer esos problemas a nosotros. Ellos traen drogas. Traen crimen. Son violadores”. 

Sorprendió que en pocas semanas acaparara los reflectores y se pusiera a la delantera. Tan sólo un mes después de postularse, a finales de julio pasado, Trump ya encabezaba los sondeos con 20.8 por ciento de las preferencias. Al arrancar este mes, el bullie republicano tiene 35.6 por ciento.

Sorprendió su capacidad para meterse con tiros y troyanos grosera y soezmente sin que nada afecte su popularidad. En una entrevista con Rolling Stone, habló de la entonces aspirante Republicana, Carly Fiorina, exclamando: “¡Mira esa cara! ¿Alguien votaría por eso?”. Después del ataque en San Bernadino, la campaña de Trump publicó un comunicado en que proponía el “cierre total y completo de musulmanes a los Estados Unidos hasta que los representantes de nuestro país puedan averiguar lo que está pasando”.

Mi argumento es que ya no debe sorprendernos que Trump vaya en caballo de hacienda para lograr la candidatura republicana y que no podemos descartar su llegada a la Casa Blanca.

¿Cómo debe responder México?

No como Vicente Fox. No hay que subirse al ring con un pugilista profesional. Trump es un peleonero al estilo del desaparecido Hugo Chávez, a quien las controversias lo catapultaban con sus seguidores. Lo que busca el precandidato es seguir acaparando los reflectores y qué mejor que una declaración inecesariamente grosera del expresidente Fox para continuar su enorme presencia mediática.

Tampoco debemos volver al pasado nacionalista, en que la clase política aprovechaba cualquier circunstancia en contra de México para envolverse en el lábaro patrio. Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha habido una gradual toma de conciencia de que nuestro destino está ligado al vecino del norte, por lo cual las sobrerreacciones salen sobrando e incluso nos afectan.

México ha transitado a un pragmatismo institucional parecido al otro vecino de Estados Unidos, Canadá. El objetivo del TLCAN es evitar las fricciones. Cuando hay una disputa comercial, el texto del acuerdo señala cómo enfrentarla.

Un buen ejemplo de una respuesta sobria y pragmática a Washington la encontramos en la respuesta del presidente Peña Nieto a las revelaciones de espionaje por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA en sus siglas en inglés) en 2013. A diferencia de su homóloga brasileña que suspendió su visita a Washington y pataleó con singular alegría pues estaba en plena campaña electoral, Peña Nieto habló lo que tenía que hablar con Obama sin que el incidente provocara un enfriamiento de la relación.

El gobierno de México tiene que corregir las mentiras o exageraciones de Trump sobre la migración. Para él todos los latinos son mexicanos y todos los mexicanos son inmigrantes; además todos los inmigrantes mexicanos tienen que ser indocumentados, los cuales pareciera que están invadiendo Estados Unidos. No se equivoque Mr. Trump. El número total de migrantes mexicanos en Estados Unidos ha venido cayendo desde 2007, de 11.7 a 11.5 millones el año pasado. De 2005 a 2015 el flujo de emigrantes ha descendido 66 por ciento y el número de mexicanos de retorno ha crecido sustancialmente. Es decir, en los últimos años la migración ha sido negativa, retornan más de los que emigran.

Tenemos que utilizar la cultura popular de reírnos de las desgracias y de burlarnos de aquellos en posiciones de poder que no se merecen nuestro respeto. Fueron maravillosas las piñatas sobre Trump: péguele al payaso malo, al güero del peluquín que nos insulta. Jamás está por demás reír de nuestros infortunios. Y Trump es una verdadera desgracia.

Finalmente, hay que empezar a imaginar que Trump pudiera llegar a la Casa Blanca y, por lo tanto, tender algunos puentes con quienes serán sus colaboradores, sus aliados y sus elementos de poder.

Afortunadamente, Trump como empresario tiene un ADN de negociador. Es necesario realizar un plan de contingencia pues el sello de esta elección es la sorpresa. Que no nos sorprenda que el hombre bullie de Nueva York despache en la oficina oval.

Twitter: @RafaelFdeC

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