Opinión

Cómo crear su
propia suerte

Richard Branson / Distribuido por The New York Times Syndicate

El gran golfista sudafricano Gary Player alguna vez dijo: “Mientras más práctico, más suerte tengo”. Aunque ninguna cantidad de práctica parece mejorar mucho mi manera de jugar golf, he descubierto que su observación también aplica a los negocios y a quienes son emprendedores.

En descripciones de empresas incipientes que han sobrevivido y prosperado, la suerte es uno de los factores más malentendidos. Muchas personas parecen pensar que el hecho de que una empresa incipiente tenga éxito o no es algo sobre lo cual el emprendedor tiene poco control; como ser alcanzado por un rayo. Pero cualquiera que quiera hacer el esfuerzo puede mejorar y mejorará su suerte.

Esto quizá suene imposible, pero gira en torno al mismo principio que mejorar las probabilidades de ser alcanzado por un rayo. Durante una tormenta eléctrica, uno puede pararse en un campo despejado sosteniendo una varilla de metal en el aire; un palo de golf funcionaría bien. Si alguien le dice que fue afortunado porque estaba en el lugar correcto en el momento correcto, es probablemente porque él decidió dónde era el lugar correcto y se aseguró de estar ahí.

Esas empresas que generalmente son consideradas más afortunadas que otras suelen ser encabezadas por equipos que están dispuestos a correr los mayores riesgos: aceptan las consecuencias del fracaso y siguen adelante con sus planes de cualquier manera. En comparación, los emprendedores y líderes de negocios que juegan a la segura rara vez parecen llevar un producto nuevo al mercado en el momento exacto que los clientes lo quieren, ni parecen hacer jamás esa conexión afortunada con el inversionista correcto.

A alguien de fuera, podría parecerle que Virgin ha tenido más golpes de suerte de los que le correspondían a lo largo de los años, pero en cada caso trabajamos duro y corrimos riesgos para asegurarnos de que estábamos en el sitio correcto cuando llegó la suerte. Uno de nuestros primeros momentos venturosos involucró el álbum “Tubular Bells”, de Mike Oldfield, que fue el primer lanzamiento de Virgin Records. Corrimos un enorme riesgo al lanzar un álbum totalmente instrumental, pero para gran sorpresa de todos se convirtió en el éxito número uno en Europa.

Pese a la popularidad del disco, las compañías estadounidenses no estaban interesadas en lanzarlo. Una persona a la que traté de convencer fue Ahmet Ertegun, el director de Atlantic Records, pero pese a mis llamadas telefónicas y mis cartas, él simplemente no se decidía. Entonces, un día, Ertegun estaba reproduciendo el material en su oficina (debe haber estado tratando de descubrir a qué se debía todo el alboroto), cuando entró el director William Friedkin, que estaba conformando la banda sonora para una película en la que trabajaba. A Friedkin le encantó lo que escuchaba, y eso fue todo; él tuvo su pista y nosotros nuestro acuerdo. La película era “The Exorcist”, que se convirtió en uno de los mayores éxitos de taquilla de su tiempo, llevando “Tubular Bells” a un público mundial.

Algunas personas le llamarían simplemente suerte, pero yo había pasado mucho tiempo pensando en formas de atraer la atención de Ertegun hacia el álbum, con la esperanza de que cambiara de opinión. Si él no hubiera estado lo suficientemente intrigado para escucharlo solo una vez más, nunca habría estado reproduciéndolo en ese momento crítico. “Tubular Bells” llegó a vender 20 millones de copias.

En los años 90, cuando iniciamos Virgin Atlantic, nuestra aerolínea era mucho más pequeña que British Airways y British Caledonian, y en 2000, cuando lanzamos Virgin Blue, el mercado australiano estaba dominado por Qantas y Ansett. En ambos casos, la creencia popular dictaba que estaríamos duramente presionados para sobrevivir. Sin embargo, a los pocos años de nuestra llegada al escenario, el paisaje competitivo cambió drásticamente: British Airways adquirió British Caledonian y, después de un intento desesperado por comprarnos, Ansett se declaró en quiebra. ¿Fuimos simplemente afortunados de estar en esos mercados en los momentos correctos o nuestra presencia en el mercado llevó al límite a dos grandes aerolíneas? Genuinamente creo que creamos nuestro propio destino.

Esta es la razón por la cual los emprendedores exitosos a menudo son famosos por su perseverancia al seguir su visión: si hubiéramos sido los que fracasaran, nadie habría dicho que fuimos poco afortunados; más bien, habríamos sido acusados de mostrar poco juicio al entrar en esos mercados en primer lugar.

Suerte, coincidencia, serendipia; como quiera que le llame, involucra mucho trabajo duro, una reflexión cuidadosa y valor. El filósofo romano Séneca dijo que “la suerte es lo que sucede cuando la preparación se encuentra con la oportunidad”. ¡Eso es exactamente! Si es usted un emprendedor, ¿qué ha hecho para crear su propia suerte?