Opinión

¿Cómo andas en el 80/20 de tus finanzas personales?

Enunciada por Pareto, la Ley del 80/20 ha sido aplicada en una infinidad de circunstancias. En esencia es una relación empírica que presupone un porcentaje relativamente bajo de elementos con la capacidad de explicar la mayor parte de una determinada situación. Esta idea es útil para la administración de las finanzas personales.

En este mismo espacio se ha insistido en la posibilidad de hacer cambios graduales si el ajuste requerido no es apremiante, de tal manera que el esfuerzo es imperceptible y el avance continuo. Sin embargo, debemos de tener claro que esta estrategia es lenta y bien llega a ser insuficiente si el problema financiero es grave; en ese caso, bien podríamos aplicar la Ley del 80/20.

En términos de la corrección del gasto, en ocasiones queremos ser escrupulosos, registrando hasta el más ínfimo detalle, para saber hacia dónde se va nuestro dinero, al grado de que llega a ser demasiado extenuante y pronto dejamos esa tarea. Por el contrario, la propuesta es preguntarse cuál es ese 20 por ciento del destino del recurso que equivale al 80 por ciento de las erogaciones.

Cuando se requieren resultados rápidos debemos de intentar mover los conceptos que afectan en mayor medida. Claro, podría ser muy doloroso el “apretón financiero”, pero dadas las circunstancias sería efectivo.

La siguiente pregunta es si en ese 20 por ciento hay gastos superfluos, susceptibles de ser abatidos sin modificar en forma considerable el nivel de vida. Por ejemplo bajarle al gasto en telefonía celular, a la diversión, la ropa o a los gadgets.

Por el contrario, habría otros conceptos como la despensa, las colegiaturas o la renta de la vivienda, que serían menos rápidos de ajustar, pero que también pueden moverse si uno se lo propone, ya sea cambiándose de casa, imponiendo un presupuesto limitado a los alimentos o instando a los hijos a que busquen alguna beca.

La corrección con esta lógica de impactar al 20 por ciento de los gastos más importantes, implica una buena comunicación familiar porque se trata de un efecto fuerte y se resentirán. Como dice el dicho: “A grandes males, grandes remedios”.

Es obvio que luego es factible pasarse al ajuste de las cosas pequeñas que irónicamente bajo esta ley de Pareto sólo explicarían un porcentaje muy bajo del desbalance.

El reto es que después de corregir sea posible retomar la senda del control moderado, para dejar la angustia del “no me alcanza”.