Opinión

¿Cómo aderezar el Premio Nacional del Emprendedor?

El Dr. Manuel Soriano se tomó fotografías con el Presidente de México Enrique Peña Nieto. Fue el ganador del Premio Nacional del Emprendedor en la categoría de Micro Empresa.

Doctor en Ciencias, ingeniero en Bioquímica por el IPN con grado de doctorado en Estados Unidos, fue alumno de dos Premios Nobel, uno de ellos en química, en el año 1985.

El conocedor más amplio en México de la estructura molecular del amaranto fundó la empresa Gastronomía Molecular en 2004; es investigador del Sistema Nacional de Investigadores nivel 3 y un día dejó sus “dibujitos” para aplicar sus conocimientos en la obtención de complementos alimenticios y productos benéficos al organismo de los mexicanos, de los cuales 10 ya están en el mercado. Muy pocos consumidores conocemos de sus excelentes productos.
Quienes votaron a favor de esta Pyme para Premio Nacional ni siquiera los han probado.

Uno de ellos, quizá el más relevante, es una bebida. “Simplemente Alegría” con un contenido 10 mil por ciento más hierro que la leche de vaca y excelente alimento pensado para quienes enfrentan tratamientos de quimio y radio terapia o quienes padecen intolerancia a la lactosa de la proteína de la leche de vaca.

Lo comprueban cientos de enfermos de cáncer, niños con Leucemia, intolerantes a la lactosa que han probado esa bebida que se obtiene mediante la disolución de un polvo con el producto adicionándole agua y fruta.

Está por sacar al mercado una súper bebida antioxidante a base de la semilla de la chía y tiene un producto depilador realmente destacado que también obtuvo de los elementos fundamentales de la semilla del amaranto.

Con 15 reconocimientos, entre nacionales y extranjeros, Manuel Soriano fue galardonado en 1989 con el Premio Nacional de Química, el Premio Nacional de Ciencias del Gobierno Cubano en 1994, el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología de alimentos en 1999 y el Premio Weizman en ese mismo año. El gobierno del DF le reconoció su esfuerzo recientemente y ahora es Premio Nacional del Emprendedor.

Es una distinción significativa tener el premio que le fue entregado la semana anterior de manos del Presidente de México, y la foto donde le entregan el reconocimiento estará pronto colgado en su sala y en su pequeño laboratorio privado, el que montó poco a poco en la parte trasera de su casa que está a una calle de la Calzada de Tlalpan.

Las piezas fundamentales de esta empresa han sido su esposa, que conoció en Estados Unidos, Cynthia Lesh, y su hijo Simon, que dejó de vender seguros para dedicarse a apoyar la labor de su padre. Su hija “Bambina” renunció a participar en la empresa familiar.

Cualquiera diría que Gastronomía Molecular tiene su vida comprada, pero no. Pocos saben que en varias ocasiones ha estado a punto de cerrar por las condiciones del mercado. Con un mediocre 1.1 por ciento de crecimiento anual del PIB nacional en 2013, las familias en este país dejan de comprar productos que no son de estricta necesidad. Y los muy pocos que conocen los excelentes productos de este científico dejan de comprarlos.

Y ciertamente tener ahora el Premio Nacional del Emprendedor es un gran orgullo que obliga a que la administración pública federal piense seriamente en la necesidad de escalar el reconocimiento a otros terrenos en beneficio no de la egoteca, en este caso, del investigador mexicano, científico de la UNAM, sino también del resto de la población mexicana.

Y es que, disculpe, la foto con el Presidente debe de ser un orgullo, pero perdóneme, insisto en que no debe ser suficiente.

Parece absolutamente necesario que la voluntad y fuerza política del Gobierno y del Presidente del INADEM se vuelquen hacia obtener el máximo de los beneficios para la inteligencia científica que el país promueve y produce en este caso.

Se antoja que empresas como la del Dr. Soriano pudieran ahora tener las puertas abiertas para que su productos, como el “Simplemente Alegría”, al menos se experimenten en pacientes con cáncer, o que los mexicanos que padecen acidosis tubular múltiple conozcan y tengan al alcance otro producto especial obtenido por el científico.

Debieran los pacientes esquizofrénicos o maniaco depresivos poder aliviar sus sintomatologías con otro de los productos obtenidos por este hombre de ciencia. Ante Pro se llama, por cierto.

Es un honor recibir un galardón de la naturaleza del que se concedió a Gastronomía Molecular, pero esa voluntad tiene que escalarse para que de comprobarse la eficiencia de sus productos, el sector salud pueda incorporar alguno de ellos al cuadro de productos necesarios en tratamientos de mexicanos con distintos problemas de salud, a los que procura beneficiar la ciencia aplicada de este investigador mexicano.

O sea. ¿Qué complicaciones pudiera tener el que el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, convenza a su similar en Salud, Mercedes Juan López, para que al menos de manera experimental se corra la experiencia de probar con los productos de esta Pyme en los hospitales del sector salud?

¿Qué tan difícil sería que la secretaria de la SEDESOL, Rosario Robles, aceptara que “Simplemente Alegría" se aplicara en los desayunos de niños en regiones donde estos pequeños se distinguen por su desnutrición? Y que de comprobarse eficiencia se aplique consistentemente en los desayunos de regiones con pobreza alimentaria.

Eso haría la diferencia en la empresa y complementaría deliciosamente la orgullosa experiencia de obtener de manos del Presidente de México el galardón del Premio Nacional del Emprendedor en la categoría de Micro empresa.

Hay que abrirle intencionalmente las puertas a productos excepcionales de Pymes mexicanas para aprovechar al máximo el potencial que México obtiene de sus empresas.

Es inconcebible que el Gobierno de México premie a estos valores para luego dejarlos, como siempre, al garete del mercado para que sigan padeciendo angustias como el resto del Universo Pyme.

¿No cree usted que sólo se requeriría de un pequeño esfuerzo de los funcionarios públicos?

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