Opinión

Comienza batalla judicial en Detroit


 
Lo que puede convertirse en una larga batalla judicial por la debacle financiera de Detroit registrará hoy uno de sus episodios decisivos, cuando Steven Rhodes, juez de la Corte de Bancarrotas de Estados Unidos, empiece a escuchar los argumentos a favor y en contra de la demanda presentada por los sindicatos para impedir que el ayuntamiento recorte las pensiones.
 
Rhodes aceptó el lunes la petición del administrador de emergencia, Kevyn Orr, para acelerar las audiencias que determinarán si los tribunales pueden dar entrada a demandas contra la alcaldía, mientras busca protección federal contra la quiebra. El martes, además —explica CNNMoney—, la Corte de Apelaciones de Michigan bloqueó la orden expedida el viernes, horas después de la declaración de bancarrota, por Rosemarie Aquilina, juez de circuito del condado de Ingham, estableciendo que la dramática medida viola la Constitución estatal, ya que prohibe el recorte de pensiones y de otros beneficios del retiro.
 
 
La quiebra, como pretenden Orr y el gobernador Rick Snyder, daría un tijeretazo a las pensiones y subsidios de unos 10,000 empleados públicos y casi 20 mil jubilados, que suman 11,500 millones de dólares, cifra a la que buscan disminuir en 2,000 millones; aparte, denuncian los sindicatos, Orr nunca les dio la oportunidad de estudiar el impacto del recorte.
 
 
Añoranza
 
En espera de lo que Rhodes decida, algunos conocedores de Detroit, como David Cole, presidente emérito del Centro de Investigación Automotriz en Ann Arbor, Michigan, ofrecen sus explicaciones sobre las causas del derrumbe de la ciudad, no sin un dejo de añoranza por lo que llegó a ser la cuarta metrópoli de la Unión Americana.
 
 
Hijo de un director de GM y graduado en una preparatoria de Detroit en 1955 antes de estudiar ingeniería mecánica, Cole expuso a Bloomberg que el proceso de deslocalización productiva hacia otros puntos de Estados Unidos y más tarde, del mundo, al tiempo que las manufacturas se hicieron más rápidas y menos caras, socavó a la ciudad. “La industria automotriz fue obligada a cambiar por sus propias presiones internas y evolucionó. Detroit no lo hizo y es triste verlo. Todo lo dábamos por seguro”, indicó.
 
 
Por una paradoja del destino, las tres grandes armadoras emblemáticas de Detroit experimentaron una rápida recuperación que difícilmente se verá en la ciudad, luego del salvamento del gobierno federal en 2009. Ford, por ejemplo, alcanzó el 15 de julio un récord de 29 meses en sus acciones, que en promedio han crecido en 31% este año, mientras que las ganancias de GM se ubican en 28%. Sin embargo, fuera de las consabidas declaraciones de apoyo moral, hasta ahora no se han mostrado dispuestas a abrir la chequera para ayudar al lugar donde lograron grandes éxitos.