Opinión

Comida del viajero Cassius

    
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Cassius

   

Cassius

Dirección: Orizaba 76,Col. Roma, Delegación Cuauhtémoc

Teléfonos: 6383-7050

Twitter: @cassiusroma

Horarios: Lunes a miércoles, 13:00 a 24:00. Jueves a sábado, 13:00 a 2:00. Domingos, 13:00 a 18:00 horas

Precio: $300-500 por persona

Tarjetas: American Express, Master Card, Visa; crédito y débito

Tiempo: Una hora

Compañía: Amigos y pareja


Un lugar acogedor, en el corazón de la Roma, con una extraña fusión entre lo antiguo y lo moderno, y que se inspira en un hombre viajero suena a una opción interesante para cenar. Desde que abrieron Cassius a mediados de 2014 me llamaba la atención sólo por su estilo, después escuché comentarios sobre su comida y finalmente me animé a conocerlo.

Con una carta de bebidas con énfasis en los cócteles, es decepcionante que los dos que elegí no estuvieran buenos: el Dirt and Blood se supone que es una mezcla de jugo fresco de toronja con concentrado de tamarindo, ginebra y clavo, pero cuando el “jugo fresco” resulta de caja, el sabor se vuelve monótono y sobre todo empalagoso; también probé la michelada con clamato y camarón seco que no resultó mala, pero esperaba más camarón y una bebida más densa.

Ahora pasemos a la comida: el primer plato llegó a la mesa y mejoró la experiencia. El lechón asado es delicioso, sumamente suave y jugoso, con mucho sabor y textura. Viene con algunos tropiezos de naranja que lo vuelven más fresco, aunque el amargor de la arúgula que le acompaña apaga por completo el sabor de la carne.

Mi emoción bajó con el lobsicle, que es una cola de langosta asada con mantequilla de estragón y que llegó a la mesa completamente fría. También estaba ligeramente sobrecocida y aguada. La salsa de tres chiles que la acompaña la opaca y mata el sabor de la mantequilla de estragón.

Luego seguí con una ensalada de trigo y arroz silvestre con panceta, dátiles y pistaches. El juego de texturas y de sabores dulces, salados y su untuosidad en boca es una mezcla genial, aunque resulta cansado luego de algunos bocados. Un poco de acidez -que no aporta la vinagreta que marca el menú- o algo de hierbas frescas, se antojan.

En Cassius, los bardots ocupan el lugar principal en el menú. Son flatbreads -pan sin esponjar parecido al pan pita- con distintos rellenos. Probé el de albóndigas de cordero tras una recomendación del mesero, pero la carne estaba ligeramente pastosa y le faltaba un poco de sal y especias; lo mismo pasó con la salsa ragú. De nuevo, la arúgula dominaba en sabor.

Finalmente llegamos al postre: opté por el sándwich de helado. El sabor a chocolate de las galletas que sirven de tapas es bueno, pero están excesivamente duras -tanto que es necesario partirlas con un cuchillo para carne- lo cual impide disfrutarlo plenamente.

Las ideas que conforman el menú son buenas, pero la comida falla en la ejecución y necesita un ajuste de tuercas. Mejor sazón, mayor cuidado en las cocciones y balance en los platos y cócteles serían suficientes para que valiera la pena ir y volver.

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