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"El Bronco" aseguró que en Nuevo León comenzará la segunda Revolución Mexicana. (Cuartoscuro)

Los comentaristas con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada que atraviesa muros habían sido retratados en los periódicos. Todos a sus puestos. Comentarista Uno, ¿todo en orden?, ¿me copias? Todo tranquilo, los porcentajes y los conceptos listos para ser utilizados en su momento. Comentarista Dos, ¿todo bien? ¿me copias? Todo sereno, pero no abastecen las ideas necesarias. ¿Pueden mandar algunas? Encuestador Uno, ¿listo para entrar en acción?, ¿me copias? Listo, pero por razones ajenas a la voluntad, mis resultados no corresponden con la realidad (ad-ad).

Una noche lluviosa envolvió a la ciudad. Desde un avión se habría visto un raro enjambre dorado disputándole su poder a las tinieblas (lo que se llama prosa inspirada). El día de las votaciones amaneció frío y nublado. El pronóstico del tiempo registraba amenazas de huracán y mangas de viento y lluvias en todo el país. Como siempre, el meteorológico se equivocó. A las once de la mañana un sol rajaba piedras y cabezas de votantes en el Distrito Federal.

Arrastrado por dudas y tribulaciones, Gamés se preparaba para votar cuando leyó acerca del primer incidente en el Valle de México el día de las elecciones. A las 7:20 de la mañana, 14 jóvenes que se identificaron como miembros de la CNTE impidieron la instalación de una casilla de votación en Valle Dorado. Estallaron cohetones y los funcionarios cerraron las puertas. “Aquí no habrá elecciones”, “Todos son la misma mierda”. A unos metros, en el camellón un grupo de policías observaba a los 14 jóvenes. El vandalismo es contagioso, meditó Gamés, y los desmanes y excesos también. Con que no sea una admonición de lo que vendrá el resto de la jornada, que la boca se le haga chicharrón a Gil.

Gamés pensó en la primera novedad de las elecciones de 2015: la amenaza de violencia en al menos cuatro estados de la república encabezada por la CNTE, el esperpento que los gobiernos estatal y federal no supieron y no quisieron detener o acotar a tiempo. Las prebendas concedidas siempre despiertan el deseo de nuevas prebendas. Las regalías que el gobierno le ha otorgado a la CNTE no tienen precedente, como decía el extinto padre de Gamés, pero no nos desviemos.

Gil hizo memoria: en la joven democracia mexicana no recuerda un acecho a los comicios como éste ni un atentado más serio a la realización de las elecciones. También es verdad que nunca antes la política y los políticos todos se habían tirado al pozo del descrédito. Buenas noticias: resulta entonces que salvo algunos incidentes, la elección no sufrió mayores desperfectos y la votación ocurrió en santa calma. ¿El comentariado -como le ha llamado Héctor Aguilar- ve de más o de menos? ¿Inventa? ¿O al final el gobierno federal controló la revuelta con buenas y malas artes?

Dos izquierdas
Otra novedad. La ciudad de México disputada por dos izquierdas en jirones: el PRD y Morena. La izquierda debidamente pulverizada por Liópez a lo largo de los años se presentaba dividida a las urnas. Gil hace memoria, hace 15 años el PRD ganó en diez delegaciones, hoy en día manda en 14 delegaciones. Morena intentó arrancarle a mordidas y a votos ese poder. Como diría el analista justo: no le fue mal, pero no le fue bien. Pelea duro en cuatro delegaciones, una de ellas la Cuauhtémoc (Gil goza escribiendo como periodista de fuste y fusta).

Sobre engaño no hay advertencia, o como se diga. Liópez y los suyos reclaman triunfos en delegaciones y circunscripciones, o como se llamen. Lo miembros de Morena (sin asomo de albur) gritarán que hubo fraude. Gil sospecha que Liópez reclamará victorias en Guatemala, Belice y San Diego. Oh, sí.

Dicen los que saben que el PRD perderá la mayoría en la Asamblea Legislativa. De 40 diputados locales en juego y 26 por representación proporcional, los especialistas del comentariado nacional le daban 18 a Morena. En un gesto antiguo, Gil se llevó dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay una complejidad, los resultados de Morena, que algunos consideran un éxito, 8.0 por ciento, se han convertido en la plataforma para la candidatura de Liópez Obrador a la presidencia. ¿Cómo la ven?, sin albur.

Independientes
La otra novedad: Bronco ganó Nuevo León. Los candidatos independientes existen y pueden ganar. Chapado a la antigua, a Gamés no le gustan los candidatos independientes pues ve en ellos el caldo de cultivo del caudillo. La política sin partidos deriva en el autoritarismo. La lista de independientes para las elecciones de 2018 será más larga que un rollo de papel del baño.

Perder Nuevo León no es poca cosa para el PRI, pero, hasta donde Gilga entiende, los resultados del priismo, entre 30 y 32 por ciento, son buenos, históricos les llaman los enterados. Si la lectora y el lector le suman a esa cifra las del Verde y el Pañal -¿o cómo se llama?-, miembros de la coalición gobernante, el presidente Peña podrá hacer y deshacer en el Congreso.

Agárrense. En serio, agárrense: el PAN podría obtener un resultado vergonzoso, humillante, peligroso, horrible para un partido de oposición, 25 por ciento, por debajo de lo que obtuvo la catastrófica Josefina Vázquez Mota. Oh, sí. Dicho lo cual, Gilga pasa a recogerse (no empiecen) en sus habitaciones y au revoir. Por cierto, votó 48 por ciento del electorado, o los comentaristas se han vuelto locos, o han sufrido un ataque de histeria. No hubo alta abstención, al contrario, y el voto nulo no existe. En fon.

La máxima de Charles Lamb espetó dentro del ático de las frases célebres: “Si la suciedad fuera un triunfo, ¿qué mano levantarías?”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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