Opinión

Combatiendo el culto a la inflación

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Dólar

Cuando yo era un joven economista que intentaba hacerse una carrera, vivía (o pensaba vivir) en un mundo donde las ideas y los que las defendían se topaban en un combate intelectual relativamente abierto. Por supuesto que había gente que se aferraba a sus prejuicios, y por supuesto que a veces el estilo dominaba a la sustancia. Pero creía que, en términos generales, las mejores ideas tendían a prevalecer: si tu modelo de flujos comerciales o fluctuaciones en el tipo de cambio seguían mejor los datos que el modelo de otra persona, o si resolvía misterios que otros modelos no podían, podía esperarse que fuera adoptado por muchos (si no es que la mayoría) de los investigadores del campo.

Esto sigue siendo cierto en gran parte de la ciencia económica. Pero en las áreas que más importan dado el estado del mundo, no es para nada cierto. La gente que en 2009 declaró que el keynesianismo era un disparate y que la expansión monetaria inevitablemente causaría inflación descontrolada sigue diciendo exactamente lo mismo luego de seis años de inflación inactiva y abrumadora evidencia de que la austeridad afecta las economías exactamente como los keynesianos dijeron que lo haría.

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