Opinión

Colusión

Una de las más arraigadas y oscuras prácticas del viejo PRI fue la de proteger, encubrir y “cuerpear” a sus correligionarios que habían sido descubiertos en flagrantes actos de delito. Esta práctica se sustenta en la impunidad, en la soberbia absoluta del poder que sostiene como inalcanzable por la ley a un político o funcionario público deshonesto y corrupto.

Hay casos inolvidables en la historia pública de México, pero pensemos tan sólo en la última década y en los emblemáticos casos de Arturo Montiel, exgobernador del Estados del México, de Mario Marín, exgobernador de Puebla o de Ulises Ruiz, exgobernador de Oaxaca. Tal vez por ser los más recientes, o por los que públicamente resultaron más señalados como cínicos abusadores del poder, fueron eliminados de cualquier fotografía, misión, encomienda o hueso por parte del presidente de la República. En un acto inmediato a su victoria electoral en 2012 aparecieron en la foto, cercanos al entonces recién presidente electo Peña Nieto, tanto Montiel como Marín quienes buscaban en la lógica priista de antaño, su rehabilitación pública.

Alguien con la sensibilidad y la inteligencia necesarias, giró instrucciones para borrar a tan deshonrosos personajes del círculo cercano del presidente Peña.

Hoy el PRI capitalino enfrenta un caso deshonroso y corrupto. A pesar de la campaña periodística que en algunos medios y columnas se pretende montar para rescatar la dañada imagen de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre al frente del PRI en el Distrito Federal, hay evidencias y testimonios de las víctimas, que señalan sin lugar a dudas la red de prostitución y trata de blancas montada desde esa oficina. Hay ya un testimonio valioso recabado por un reportera encubierta del equipo de Carmen Aristegui, quien registró en la propia sede del PRI, las palabras de la coordinadora de esa oficina, quien le explica, con todo detalle, la naturaleza de sus funciones, servicios, higiene y horarios de trabajo. ¿No es suficiente?

A diferencia del viejo PRI en que el funcionario inculpado hubiese permanecido en su cargo hasta agotar cualquier recurso en una pública guerra de declaraciones, el avance de hoy es que el señor Gutiérrez fue retirado del liderazgo del PRI capitalino. Pero toda su red de operación y señoritas, atemorizadas y amenazadas en caso de declarar, siguen en su sitio y cobrando. Con recursos y dineros públicos por cierto, porque el PRI como todos los partidos, reciben la mayor parte de su presupuesto de las cuotas establecidas por el entonces IFE y hoy INE.

¿Cuándo van a entender los políticos que flaco favor se hacen a sus carreras, nombres, instituciones y partidos al encubrir a oscuros personajes como éste? Que se ordene una investigación profunda, que se otorguen protecciones de ley a las mujeres que ahí trabajaban para que declaren con absoluta honestidad, que se desmantele el aparato de sexo servicio instalado al interior del PRI capitalino.

En los países serios –decía un viejo y sabio periodista- un escándalo de esta naturaleza sería suficiente para cerrar el partido en esa sede, correr a todos, someterlos a investigaciones e interrogatorios interminables y limpiar de tajo y de raíz la atmósfera de delito ahí enquistado, suprimiendo por cierto, por un buen tiempo, los dineros públicos que se le otorgan al partido.

Este, a todas luces, no es un país serio.