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Juan Domingo Argüelles - Martes, 05 de Febrero de 2013 11:06
Escritores que se rasgaban las vestiduras por el regreso del PRI ahora ya no dicen esta boca es mía.
1. Muchos escritores se vanaglorian de no hacer, ¡jamás!, 'concesiones a los lectores'. Y, sin embargo, ¿qué tal cuando se trata de hacer concesiones al poder? Ahí sí ni chistan. Lo cual quiere decir que les importa más el poder que los lectores. Son puristas fanáticos con relación al arte literario, pero en todo lo demás no le hacen asco a nada.
2. Hay escritores reputados o célebres (según puedan ser célebres los escritores en México; es decir, célebres entre los demás escritores) que se niegan a todo o que no tienen tiempo para nada ni para nadie. Pero si hay una reunión de políticos (especialmente en Los Pinos) allá se les ve, para la televisión y para la foto, muy prestos, de punta en blanco. Para eso sí tienen tiempo, y no hay duda que nadie, salvo los personeros de los gobernantes y los altos funcionarios, saben dónde encontrarlos para llevarlos, sonrientes, a las recepciones grilleriles.
3. Ya comenzaron a aparecer los peines. ¿No que no? Intelectuales, escritores y artistas que se rasgaban las vestiduras por el regreso del PRI al poder ahora ya no dicen esta boca es mía para emitir ni un mínimo gruñido. Si ya se dieron cuenta que el retorno del PRI al poder ha traído 'esperanzas', 'buenas expectativas', 'excelentes oportunidades', etcétera, y no se muestran ya no digamos ariscos sino ni siquiera escépticos. Andan la mar de felices. ¡Quién lo diría! De pronto descubrieron las virtudes que antes no veían por ningún lado. ¿No que no? La memoria es corta, y está visto que somos un país desmemoriado. Lo bueno es que, incluso si no hay buenas hemerotecas, podemos recurrir al buscador de Google. Sólo basta con poner el nombre del que hoy menea sonriente el botafumeiro echándole incienso al nuevo gobierno para enterarnos que es el mismito que ayer lanzaba bombas pestíferas contra los que hoy están en el poder. ¡Qué bonito país tenemos y qué congruentes somos!
4. Los escuchamos en la radio, y los vemos y los escuchamos en la tele -sobre todo en la tele-, y los leemos en los diarios y en las revistas, chorreando vanidad cuando hablan de esto y aquello, de lo de acá y de lo de más allá. Son los todólogos culturales conocidos antes como 'intelectuales'. No hay autor sobre el que no estén al tanto, ni cineasta ni pintor ni músico ni cantante ni celebridad ninguna sobre la que no tengan algo que decir; de hecho, no sólo algo, sino más bien toda una disertación filosófica de profundísima trivialidad. Nadan la mar de bien en las aguas de los medios electrónicos. Están en su ambiente. Con Internet, nada humano les es ajeno. Y cada vez son más. Abundan. Son enjambre los que lo saben todo sobre todo, pero no comprenden nada sobre nada. Lo que tienen son datos de presunta erudición, y confunden información con cultura. Hay que escucharlos disertar pagados de sí mismos, y cuando escriben parece que han tomado el dictado de Dios. No tienen dudas. Sus certezas son a tal grado ciertas que lo único que no saben es que no saben.
5. De tanto juntarse, brindar, conversar y departir con los ricos y los poderosos, a los escritores les dio por pensar que debían vivir como magnates. Hay quienes así viven y amasan un buen montón de dinero al mes, al año, no por su obra literaria sino por prebendas de esto y aquello. ¡Y ay de quien ose cuestionarles esos privilegios! Si ya se los ganaron con el sudor de su frente.
6. Hablamos de autores nacionales, es decir domésticos, que han incurrido en plagio literario o, al menos, que han sido acusados de ello, y un querido amigo que admira la maestría literaria de Carlos Fuentes y cree, y enfatiza, y lo dice una y otra vez, que La región más transparente es una novela superrequeteextraordinaria, se pregunta y me pregunta no sin ironía (en relación con un autor mediocre y un libro pésimo supuestamente plagiados por Fuentes):
-¿Qué necesidad tenía Fuentes de plagiar algo tan malo?
7. Qué desdicha la de México: tener como ídolo cultural supremo a Chespirito. Pero desgracia mayor la de los otros países de América que lo han adoptado como el mejor producto mexicano de exportación, ¡y lo adoran! No sólo eso: creen que todos los mexicanos somos como El Chavo del Ocho. ¡Qué país! ¡Qué pesar! No nos conformamos con estar tontos, sino que lo exportamos.
8. En una carta de juventud, Juan Carlos Onetti dice que Miguel de Unamuno "llega a la conclusión honrada de que la única solución que tenemos es desesperarnos un poquito más cada día y vivir en angustia. Lo demás es política".