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Juan Domingo Argüelles - Martes, 29 de Enero de 2013 08:36
Nadie ha demostrado que la condición artística o literaria blinde al ser humano de cometer bajezas.
1. En medio de sus escándalos por robo intelectual, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique dijo, con cinismo, que "no hay nada más aburrido en la vida que soportar una buena reputación". La verdad es que, cada vez más, los artistas y los escritores comparten esta lamentable filosofía de Bryce. Hábiles con las palabras, los escritores las utilizan hasta justificar sus vilezas.
Es por esto que no poca gente los detesta. Podrían argumentar que les tiene sin cuidado, pero no es cierto, porque si hay gente vanidosa, que desea que la admiren, la veneren y la aplaudan, esa es la fauna artística y literaria. Lo que ocurre es que esta especie piensa que está más allá de toda ética y no ya digamos más allá de toda urbanidad. ¡Son artistas, son escritores, y por el sólo hecho de existir, y crear, ya han mejorado a la humanidad! Lo creen.
Por ello, que nadie les diga que deben tener un buen comportamiento cívico, porque ellos inmediatamente oponen la ironía y el sarcasmo para mandar al diablo a todo aquel que les exija esto. ¡Faltaba más!
2. Por supuesto, también tienen sus partidarios: lectores y admiradores que creen lo mismo que los escritores y los artistas arrogantes; es decir, lectores y admiradores arrogantes que tampoco piensan que ellos mismos deben tener un buen comportamiento dentro de la sociedad. ¡Si ya con ser lectores y admiradores del arte beneficiaron a sus vecinos! Bonita cosa.
3. Todavía recuerdo a quienes decían que ya dejaran de perseguir y molestar al gran Roman Polanski, acusado de drogar y violar a una menor de edad en los años setenta, puesto que aquello había sido hace muchísimo tiempo (aunque jamás fue castigado porque huyó de Estados Unidos horas antes de ser condenado). Claro, los admiradores del gran cineasta hasta se irritan por el hecho de que la víctima todavía mantenga su denuncia.
¡Hay que perdonarlo pronto, por Dios, es un gran hombre de arte que ha aportado mucho a la cultura; ya dejen de perseguirlo!, exclaman la mar de contrariados haciendo parecer a la víctima como si fuera el verdugo, y al culpable como si se tratara de una inocente víctima de un complot para destruirle la existencia. A estos extremos hemos llegado en nombre de una cultura y un arte que no aceptan ningún reino paralelo, menos aún el de la ética.
4. Como el de Polanski hay muchos casos. Basta que un escritor o un artista cometa canalladas para que se argumente que eso no puede ser porque se trata, ¡precisamente!, de un escritor o un artista, aunque, hasta el momento, nadie haya demostrado que la condición artística o literaria blinde al ser humano de cometer bajezas. Es más, muchos de ellos, como Bryce Echenique, se solazan, como ya vimos, en su mala reputación.
5. Artistas y escritores canallas, así como defensores a ultranza de esos artistas y escritores canallas, pueden decir lo que quieran, pero mientras más canallas sean, menos admirables son incluso en sus manifestaciones artísticas y literarias. No nos engañemos con dilemas 'estéticos'. Ahí está el caso del ya fallecido Klaus Kinski, que más que representar algún papel ficticio en el cine lo que hacía era actuar su propia personalidad violenta y monstruosa. Violó repetidamente a su hija Pola cuando ésta era una niña, y Nastassja Kinski está segura de que su hermana mayor dice la verdad porque ella misma también padeció los asedios de su intratable padre. No faltará quien diga que eso es irrelevante frente al arte del gran actor que hizo papeles inolvidables en las películas de Werner Herzog (Aguirre, la ira de Dios, Fitzcarraldo, Nosferatu, etcétera). Pero no, de ningún modo es irrelevante. Cuando una sociedad perdona el crimen en nombre de la 'estética', esa sociedad tiene una falsa idea del bien y del mal y, por tanto, de la belleza.
6. No decimos que el artista y el escritor deban ser santos, y ni siquiera que dirijan sus esfuerzos a rozar la santidad. Todos tenemos derecho a la incongruencia en tanto ésta no derive en la negación de la humanidad de un artista que, presuntamente, busca la belleza y lo sublime. Si el arte sólo sirve para adular nuestro ego enfermo, entonces hemos cultivado una idea muy estúpida del arte.
7. Klaus Kinski escribió un libro autobiográfico: Yo necesito amor (que no es erótico, sino intemperante, aunque esté incluido en la colección 'La Sonrisa Vertical' de Tusquets). Klaus Kinski no necesitaba amor, sino una profunda profilaxis del alma. No era un erotómano, sino un adicto violento al sexo. Aunque genial, era un loco peligroso de esos a los que una sociedad peligrosa -por cinismo o por cobardía- siempre acaba por erigirles un resbaladizo pedestal.